Reducir la contaminación en obra exige transformar el modelo constructivo

El sector de la construcción es uno de los más contaminantes del planeta. Representa más del 30 % del consumo energético mundial y cerca del 34 % de las emisiones de CO₂. Sin embargo, la mayor parte de ese impacto no se produce en los edificios terminados, sino durante la propia ejecución de la obra. Por eso, aplicar medidas como el uso eficiente del agua, la planificación digital o la industrialización del proceso resulta clave para construir de forma más limpia, como recuerda Sto Ibérica con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente.

La apuesta por maquinaria eléctrica o híbrida, la reutilización de materiales sobrantes y la formación de los trabajadores en sostenibilidad son algunas de las siete medidas concretas propuestas por la compañía. Todas ellas están alineadas con las recomendaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que insiste en la necesidad de avanzar hacia un sector constructivo más eficiente, desde el diseño hasta el desmontaje.

¿Por qué se necesita una transformación profunda en obra?
Porque el impacto ambiental de la construcción no está solo en los materiales, sino en cómo se usan y gestionan en el proceso.
¿Qué beneficios aporta industrializar y digitalizar la obra?
Reduce errores, acorta tiempos, disminuye residuos y permite un uso más responsable de recursos clave como el agua y la energía.

Un cambio real en la obra empieza por repensar cada fase desde la sostenibilidad.

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El sector de la construcción es uno de los motores económicos más potentes del mundo, pero también uno de los más contaminantes. Según los datos publicados por el PNUMA(Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), representa el 32% del consumo energético mundial y genera aproximadamente el 34% de las emisiones globales de CO₂. Además, materiales ampliamente utilizados como el cemento y el acero son responsables de cerca del 18% de estas emisiones, lo que convierte a la actividad constructiva en un factor crítico dentro del cambio climático. Aunque en los últimos años se han multiplicado los esfuerzos por promover edificios más eficientes y con materiales más responsables para el medio ambiente, buena parte del impacto ambiental se sigue produciendo en la fase menos visible del proceso: la propia obra.

Este reto ha llevado al Pacto Verde Europeo, o a iniciativas específicas como la Estrategia de Economía Circular, a insistir en la necesidad de transformar la construcción en un sector más limpio y eficiente, desde el diseño hasta el desmontaje. Para abordar este desafío, los expertos de Sto Ibérica, filial de la empresa alemana especializada en la fabricación y comercialización de sistemas constructivos, han identificado con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio) siete claves para reducir la contaminación durante el proceso de construcción:

· Optimización del consumo de agua en obra. La escasez de agua es una amenaza creciente y, en el ámbito de la construcción, se utiliza de forma intensiva en tareas como la limpieza de herramientas, el curado de materiales, el mezclado de productos o el control de polvo. Si no se gestiona adecuadamente, este uso puede traducirse en un consumo desproporcionado y en la contaminación de acuíferos por vertidos no controlados. Para minimizar su impacto, es fundamental adoptar medidas que minimicen esta amenaza, como seleccionar productos que requieran menos agua para su aplicación o limpieza, controlar las operaciones en obra mediante protocolos de uso eficiente, fomentar la reutilización del agua, o establecer zonas de lavado delimitadas con sistemas de decantación o filtrado.

· Transporte y maquinaria más eficiente para reducir emisiones. Gran parte de la contaminación que se genera en obra proviene del uso de maquinaria pesada y del transporte de materiales. Esto se debe, sobre todo, a la quema de gasóleo y gasolina, que libera gases de efecto invernadero y partículas perjudiciales para la salud y el medio ambiente. Para reducir estas emisiones, es importante usar maquinaria más moderna y eficiente, preferiblemente eléctrica o híbrida, y mantenerla en buen estado. También ayuda planificar mejor la obra: evitar desplazamientos innecesarios, reducir los tiempos en los que la maquinaria está encendida sin trabajar o usar, cuando sea posible, combustibles alternativos como biocombustibles o gas natural.

· Gestión eficiente de residuos. La construcción genera toneladas de residuos, tanto en obras nuevas como en rehabilitaciones. Desde embalajes, recortes de material y restos de mortero, hasta escombros derivados de demoliciones parciales, el volumen puede desbordar cualquier previsión si no se gestiona bien. Para reducir este impacto, es esencial planificar la obra con criterios de economía circular: pedir lo necesario, usar sistemas con desperdicio mínimo y reutilizar sobrantes siempre que sea posible. Muchos materiales, como placas de yeso, restos de aislamiento, madera o ladrillos, pueden reincorporarse a otras fases del proyecto o enviarse a centros de valorización.

· Industrialización del proceso constructivo. La construcción industrializada permite fabricar elementos como paneles, fachadas o módulos completos en entornos controlados y transportarlos a obra para su ensamblaje. Este enfoque mejora la precisión, reduce residuos, evita errores y acorta plazos de ejecución. Además, al reducir los trabajos in situ, se minimiza el uso de agua, energía y emisiones derivadas del transporte y la maquinaria.

· Digitalización y planificación con herramientas BIM. Esta planificación digital permite modelar digitalmente la obra antes de ejecutar, simulando consumos de materiales, impactos energéticos y ciclos de vida, lo que permitirá evitar errores de diseño, sobrecostes, solapes y retrabajos, y, en definitiva, un uso más eficiente de los recursos y una menor generación de residuos. Además, las plataformas digitales permiten monitorizar en tiempo real los consumos de energía, agua y emisiones, facilitando una gestión ambiental más rigurosa.

· Formación y concienciación del personal en obra. La tecnología no es suficiente si no se acompaña de una cultura de sostenibilidad en los equipos. Formar a los trabajadores en prácticas limpias, seguridad ambiental y gestión eficiente de recursos es clave para implementar con éxito cualquier estrategia de este tipo. Desde protocolos de separación de residuos hasta buenas prácticas en el uso del agua o la maquinaria, el compromiso del equipo humano es decisivo.

· La rehabilitación como foco. Frente a la obra nueva, la rehabilitación genera menos residuos, requiere menos materiales y tiene un impacto ambiental menor durante su ejecución. Una apuesta especialmente necesaria si tenemos en cuenta que, según Green Building Council España (GBCE), el 85% del parque inmobiliario en nuestro país es energéticamente ineficiente y que la tasa de renovación apenas alcanza el 2 % anual.

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