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Mercado Inmobiliario: Proposiciones inmobiliarias, financieras e indecentes

Madrid. Si le contase que entre dos agentes que colaboran para la venta de una vivienda, uno proporciona el cliente comprador y otro el cliente propietario y que entrambos colaboran para el resultado feliz de la operación usted quizás me dijese que en este caso estaríamos describiendo una realidad común y creciente, en las operaciones inmobiliarias actuales. Y si le dijese que la relación establecida obedece, además del sentido común,  a la observación por ambos de un código deontológico de conducta, usted seguiría pensando que eso es lo que hay que hacer. Eso sería lo normal y lo aceptable en las operaciones de compraventa inmobiliaria. Y si, por el contrario, le comentase un caso en el que el segundo agente, una vez que ha conocido al cliente del primero, le “roba” a ése y desplaza de la operación al primer agente, usted afirmaría probablemente que el segundo es un sinvergüenza, que no ha respetado el código deontológico de uso común entre agentes y que el primero puede demandar al segundo por ese “robo” de cliente.

Pues bien, cambie usted de sujetos y sustituya a uno de ellos por una sucursal bancaria. Usted ha trabajado por buscar, negociar y cerrar una operación inmobiliaria y su cliente le ha dicho que sí y el propietario también está de acuerdo. La operación va a salir. Y usted está feliz porque encima, el futuro comprador tiene casi todo el dinero para la compra, supongamos que tiene 120.000 € de los 135.000 que hacen falta. Y a usted se le ocurre ingenuamente pasar por una entidad de crédito con la que usted lleva trabajando desde hace tiempo –incluso es cliente de la misma- para explicar la operación y solicitar la financiación restante para su cliente, entregando entre otras cosas la información de identificación del cliente. Usted como agente va a hacer la operación de compraventa y el banco, la financiera. Todo normal ¿verdad?  Pues continuemos.

Pasan unos días y de repente  se encuentra usted con que su cliente, que ya había aceptado comprar la vivienda que usted le había mostrado, le comunica que va a comprar otro piso … de la Entidad de Crédito. Y así ocurre finalmente.  

Entre las muchas reflexiones que cabe hacerse sobre este “robo” de cliente por parte de una sucursal bancaria –una patología recurrente en estos tiempos- se me ocurre:

a)  Habría que explicarle a la Inmobanca que su presencia en el mercado inmobiliario debe de regirse por un código deontológico similar al que siguen los agentes normales en su común actividad y que califica este tipo de “robos” como indecente, pues ya que está compitiendo ferozmente contra las inmobiliarias tradicionales, los promotores y los particulares en la venta de viviendas y locales, podría al menos respetar las costumbres del mercado y actuar deontológicamente.

b) El abuso de posición dominante que ejerce en la actualidad la Inmobanca es cada vez mayor y este tipo de conductas pudiera incrementarse. ¿A que había oído usted hablar antes de muchas historias parecidas?

c) Que la operación robada y los honorarios de la agencia burlada pueden haber significado un cruel quebranto de la Inmobiliaria, que, fíjese usted qué cosas, contribuye con el pago de sus impuestos a que el Estado, con el dinero de todos, entre otras cosas salve a la entidad de crédito de la quiebra a la que la han llevado sus imprudentes dirigentes, los mismos que ahora han decretado una política de tierra quemada tanto en la concesión de crédito a empresas autónomos y particulares como en la comercialización salvaje de sus adjudicados.

d) No le quepa duda: somos súbditos de la Reina Roja Inmobiliaria y si nos pilla nos cortará la cabeza –ejecutará nuestras hipotecas, en caso de impago- como en el cuento de Lewis Carroll. Quién manda, manda y la ciudadanía no entra en esa categoría.
 
e) Olvídese de la demanda posible y justa contra el banco. ¿Cree usted que el comprador abducido por la entidad de crédito testificaría en un juicio la verdad de lo que ha ocurrido, enfrentándose así a la entidad que ya lo tiene hipotecado?  
 
f) “Siempre hay agua y cordericos para los más ricos” recordábamos hace algunos artículos. Y esto es algo más que una más o menos feliz estrofa de una canción contestataria de los 70, es la realidad; es una de las reglas de diseño de esta sociedad en la que estamos, por eso, a los ingenuos o a los malvados que nos predican que lo que necesita el sector inmobiliario es un nuevo modelo productivo  les digo que no, que lo que realmente necesitamos es un nuevo modelo de sociedad, de moralidad, un nuevo orden en el que el poderoso no machaque al débil y no abuse de su posición de dominio y en el que la ciudadanía sea tratada de la misma forma que sus dirigentes.

Y ésta ha sido la indecencia padecida hace unos días. Y lo contado, el uso de mi derecho al pataleo.

 

 

 

 

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