Goldman Sachs, de la ‘gran manzana’ al barrio de Aravaca

La alargada sombra del banco Goldman Sachs llega a todas partes. Desde sus despachos centrales en la ‘Gran Manzana’ de New York, frente al barrio de Tribeca, a un edificio residencial de Aravaca, en Madrid. Aquí, en los bajos comerciales en los que el grupo inmobiliario Larcovi ubicó su sede hace unos para ahorrar costes, acaban de poner un discreto cartel con solo tres palabras, ‘EN CASA CIBELES’.
Sin más. Pocos saben que detrás de este escueto mensaje se halla este banco de inversión estadounidense. Responde al hecho consumado de que el Ivima, tras algún pequeño error en la adjudicación (habían puesto 201.000 euros en lugar de 201 millones), ya ha traspasado los 2.939 pisos en alquiler que la entidad pública de la Comunidad de Madrid les adjudicó, junto a la gestora Azora, hace dos meses.

Porque al final en ese modesto bajo comercial de la avenida del Talgo, 155, es donde se van a gestionar los contratos de esos casi 3.000 pisos en alquiler que Goldman Sachs ha puesto en manos de Azora, y esta a su vez en las de Lazora y Larcovi, que al final no dejan de ser la misma cosa.

Quienes sí han tenido ya noticias de ‘EN CASA CIBELES’ han sido los actuales inquilinos de estos pisos. A principios de noviembre han recibido una carta en las que se notifica el cambio de casero y venían a señalar que los contratos no sufrirían cambio alguno, que se cumpliría lo pactado en todos sus términos. Además del cambio de propiedad, los arrendatarios habrán podido comprobar que ya no figura el logotipo del Ivima, sino el de ‘Yo Vivo’, la nueva marca comercial con la que ya opera la nueva sociedad. Lo dicho, ‘EN CASA CIBELES…YO VIVO’.

De momento, en las páginas web de Larcovi y de Lazora no figura ninguna mención acerca de estos nuevos activos. Y habrá que esperar unas semanas para ver en qué se sustancia el cambio de casero, de una empresa pública a uno de estos fondos oportunistas, en este caso Goldman Sachs, que va a intentar recuperar con creces, y en el menor tiempo posible, los más de 200 millones invertidos.

A pesar de la insistencia en que los contratos no se van a tocar, los afectados andan un tanto desconcertados acerca de qué pasará cuando los acuerdos firmados vayan finalizando una vez transcurridos los cinco años comprometidos. Otros se temen que sí, que las rentas por el alquiler se mantenga, pero no otras cargas adicionales que pudieran imputarse, en conceptos de seguridad, limpieza o jardinería, que harían inviable su asunción por parte de muchos de estos inquilinos.

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