Principio del fin de las placas solares en las viviendas

La posibilidad de que un particular pudiera producir su propia energía eléctrica con la instalación de paneles solares en su vivienda tampoco ha sido admitida por los mandamases del sistema eléctrico nacional. Nada de autoconsumo. Y el que ose hacerlo que se atenga a las consecuencias. Tendrá que pagar tanto por salirse del carro que, al final, no le va a quedar más remedio que agachar las orejas y someterse al oligopolio reinante.

Los que se lo plantearon, ciudadanos que buscaban una alternativa para su suministro, sabían de la fuerte inversión inicial que había que realizar, pero las cuentas salían. Compensaba hacerlo. En un espacio de tiempo relativamente corto, la inversión se amortizaba e. incluso, cabría la posibilidad de vender la energía sobrante.

Muy bonito sobre el papel. Demasiado debieron pensar las grandes empresas eléctricas, y la presión ‘lobbysta’ hizo el resto. La norma que regulará el autoconsumo fija un nuevo "peaje de respaldo" por la electricidad que produzca para su autoconsumo.

Además, en el momento que dirija esa energía a la red, deberá abonar hasta 9 céntimos el kilovatio/hora a la generación, dado que según el Ministerio de Industria, disfruta del respaldo que le da la infraestructura del sistema eléctrico, aún cuando esté consumiendo electricidad producida por su instalación de generación asociada. Y, cuando no haga sol y tenga que utilizar la electricidad del sistema, una vez calculados los saldos netos (diferencia entre la energía vertida y la consumida) también tendrá que pagar el habitual peaje de acceso. O sea, mil y una trabas económicas para que nadie en su sano juicio se decida a seguir con el pulso.

Se trata, en definitiva, de que los hogares con paneles solares paguen por usar la red como si fuera una empresa generadora ‘full time’, aunque en la práctica en muchas casas solo echarían mano de la red cuando tuvieran que usarla. En la mayoría de los casos, la mitad del tiempo de cada jornada.

Una penalización más para el consumidor que pretende ahorrar en su factura eléctrica, que se une al incremento hasta en un 72% de la parte fija del recibo –la mitad de lo que pagamos en la factura–. Y, como el coste fijo sube tanto, será muy difícil compensarlo con un ahorro eficiente en el hogar en el consumo, lo que disparará el precio de la luz de los 22 millones de hogares.

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