Los futuros grandes retos del agua para el sector inmobiliario

Madrid. La consultora inmobiliaria internacional Jones Lang LaSalle destaca en su informe Global Property Sustainability Perspective los retos a los que se enfrenta el sector inmobiliario en materia de agua y sostenibilidad. Para ello, avanza una serie de apartados clave:

Seguridad y escasez del agua: los grandes retos que aguardan al sector inmobiliario

Poco a poco, la seguridad del agua viene suscitando un interés mayor en el sector inmobiliario, a pesar de haberse visto eclipsada por la problemática de la energía y el CO2, que ha captado más atención durante la última década. Las sequías e inundaciones registradas con cierta regularidad en muchas áreas del planeta durante los últimos años, han situado esta cuestión en un lugar destacado en la agenda de las empresas, los organismos públicos y la ciudadanía en general. En su edición de 2010, el Foro Económico Mundial la convirtió por primera vez en uno de los principales temas de análisis.

Según el frecuentemente citado informe 2030 Water Resources Group, se prevé que en 2030 las reservas de agua mundiales sean un 40 % inferiores a la demanda prevista. Esta alarmante previsión ha reforzado el llamamiento a la movilización global para mitigar una amenaza que pone en peligro la cadena alimentaria, la producción industrial y la generación de energía en todo el mundo, y por ende la economía en su conjunto y las necesidades básicas de una gran parte de la población mundial.

La escasez de agua presenta similitudes con la problemática de la energía y el CO2, pero tiene dos características distintivas: está estrechamente vinculada a la geografía y las cuencas regionales, y establece una fuerte interdependencia entre empresas, comunidades y ecosistemas naturales.

La exposición del sector a los riesgos del agua

A pesar de su naturaleza global, los riesgos del agua afectan más a algunos sectores que a otros. Asimismo, la exposición varía en función del país.

El informe de Jones Lang LaSalle destaca que si dichos riesgos afectan a las empresas, no cabe duda de que también alcanzarán al sector inmobiliario, bien a través de un impacto comercial en la actividad o de un impacto físico en el entorno construido. Los patrones de precipitación ya están afectando a los terrenos, las infraestructuras y los edificios; la disponibilidad de agua, por su parte, puede limitar las oportunidades de los constructores de viviendas y promotores de inmuebles de uso comercial. Además, las inundaciones pueden tener un impacto físico en los edificios y en su valor; y existen asimismo riesgos relacionados con el marco legal y la planificación.

Tal y como ilustraba un informe de 2010 elaborado por CERES y una coalición de inversores, empresas y grupos de interés público, la escasez de agua actual o prevista puede llevar a los organismos reguladores a restringir o prohibir la construcción de viviendas en determinadas regiones. En otras áreas, algunas corporaciones municipales vienen alentando a los constructores de viviendas a adoptar prácticas de uso eficiente del agua; los sistemas de certificación voluntaria de edificios ecológicos suelen exigir unos estándares mínimos de eficiencia para las instalaciones de canalización y uso de agua, además de promover una gestión innovadora de las aguas residuales.

La justificación de las inversiones relacionadas con la gestión eficiente del agua es, a menudo, menos sólida que la de las medidas de eficiencia energética, debido al coste actual relativamente bajo del agua. No obstante, las compañías de aguas necesitan más capital para invertir en infraestructuras, por lo que es inevitable que se produzcan nuevas subidas de precios para financiar estos programas.

El papel de los gobiernos

Es probable que la ya compleja situación para garantizar las reservas de agua de países y ciudades empeore con el crecimiento de la población y el aumento del consumo en las grandes aglomeraciones urbanas. Las alteraciones en los patrones de precipitación achacables al cambio climático contribuyen a aumentar, más si cabe, el estrés hídrico.

En su XII Plan Quinquenal (2010-2015), China se ha fijado el objetivo de reducir un 30 % el consumo de agua por unidad de producción industrial de valor añadido.

Son varios los países que han expuesto los desafíos y trazado planes programáticos en varios documentos, como el libro blanco Water for Life (Agua para la vida) del gobierno británico, que recoge planes para realizar una transición a un sector del agua fuerte y sostenible.

La Comisión Europea también viene desarrollando diversas acciones estratégicas. En el año 2000, puso en marcha la Directiva Marco del Agua, destinada a proteger y mejorar la calidad del agua y a promover su uso sostenible en toda la Unión Europea. Esta directiva marco podría ser un día el germen de una directiva sobre eficiencia hídrica de los edificios, que siguiera los pasos de la Directiva relativa a la eficiencia energética de los edificios que ya se ha incorporado a las normativas nacionales sobre construcción y ha conseguido que la eficiencia energética se convierta en una prioridad para propietarios e inquilinos.

Según destaca Silvia Andrés del departamento de sostenibilidad de Jones Lang LaSalle España: “El sector inmobiliario viene tomando conciencia del papel que puede desempeñar a la hora de mitigar los riesgos relacionados con la escasez de agua o, en el otro extremo, con las inundaciones, y ha emprendido sus propias mejoras destinadas a aumentar la eficiencia hídrica, implantar soluciones más eficaces para la  gestión de las aguas residuales y desarrollar mejores y más lógicas estrategias de ubicación. Participando activamente en un entorno cada vez más interdependiente y con mayores riesgos y oportunidades en relación con el agua, nuestro sector, en colaboración con las administraciones públicas, puede contribuir a resolver el problema de la escasez de agua de forma responsable.”

Y añadió: “mediante una planificación adecuada para épocas de grandes precipitaciones, el sector inmobiliario puede contribuir a la continuidad de la actividad y al desarrollo de estrategias de ubicación con entidades públicas y privadas. Cada vez con más frecuencia, los dramáticos sucesos provocados por condiciones meteorológicas extremas amplían el ámbito de mitigación y exigen la puesta en marcha de estrategias de adaptación que doten de mayor resistencia a bienes inmuebles e infraestructuras vulnerables. La clave del éxito radica en una colaboración estrecha y en una planificación a largo plazo.”

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