El Cemento y la Internacionalización inmobiliaria

Madrid. Hace unos días les hablábamos de los resultados semestrales del sector del cemento en España, refiriéndonos a un estudio de la patronal del sector, Oficemen,  y veíamos distintos aspectos  del mismo. Uno de estos era la escasa penetración internacional del cemento español, en estos momentos. Recogíamos entonces que: «Por otro lado, las exportaciones de cemento y clínker en el primer semestre del año han alcanzado los 3 millones de toneladas, lo que supone un crecimiento solo del 6% respecto al mismo período del año anterior. “Son cifras alentadoras –explica Miranda– pero que por desgracia no cubren la fuerte caída del mercado nacional. Las compañías están haciendo grandes esfuerzos para abrir nuevos mercados, y prueba de ello es que ya exportamos a más del 36 países…» 

Hoy hemos conocido más cifras acerca de una cementera que nos va a permitir tomarlas como ejemplo para el sector inmobiliario, respecto de una de las estrategias de supervivencia en un momento caótico como el que vivimos.

Trabajar en el exterior para sobrevivir, esto es, para que los resultados  obtenidos fuera compensen o mejoren a los obtenidos dentro del país es una estrategia que ya hace años ha puesto en marcha muchas empresa. Hoy hemos conocido las cifras de Cementos Molins. El rápido proceso de internacionalización del grupo ha hecho que el mercado nacional se convierta en residual para este grupo, que ya ha sufrido una reducción del 14% en sus ingresos. Mientras que en España las ventas han caído un 61% desde que comenzó la crisis (452,37 millones de 2008 a 175,26 en 2012), en el mercado internacional se han duplicado (de 352,23 millones a 742, 85 millones de euros).

Pues bien, si la acción exterior ha salvado a Cementos Molins, ¿por qué no va a poder salvar también a otros muchos?… si estos emprenden el mismo camino, claro está. Recuerde a este respecto la magnífica antinomia que Josu Ugarte, presidente del Grupo Mondragón, establece en su libro: España está en crisis. El mundo no, en cuyo prólogo se leía: “¡Salir de casa o morir!”, en referencia a lo que las empresas deben de hacer si quieren vencer la crisis. Y póngase a pensar, si usted también podría hacerlo.

Lo sabemos desde hace tiempo y, mucho mejor, desde el inicio de la crisis: ¡Exportar o desaparecer, (¡Salir de casa o morir!), no es sólo una frase ocurrente. Le anoto como ejemplo el que en estos días hemos conocido algunas noticias de acción exterior de empresas españolas que han resultado impactantes, y en las que, aunque de  sectores económicos muy diferentes, la internacionalización de su acción empresarial ha sido la causa principal de sus extraordinarios logros.

Podría objetarse sin embargo, que los ejemplos aportados, y otros que podrían considerarse, provienen de empresas muy grandes y que la internacionalización es algo que no pueden hacer las empresas pequeñas. Bien, sin olvidar  las dificultades reales que se presentan para las pequeñas empresas en nuestro sector, en el que la atomización de nuestras inmobiliarias -en general, somos muy, muy, pequeños- lo hace muy difícil, una posibilidad aparece de inmediato: Si no podemos solos, ¿por qué no hacerlo cooperativamente? Asociaciones, Redes, Portales, “Lobbies”… podrían establecer un modelo cooperativo de acción exterior para que, a través de él, sus asociados pudiesen actuar en el Exterior. No hay que olvidar que el tamaño puede ser vencido por la acción coordinada de muchos pequeños.

Pero no quiero hacerme ilusiones. En el principio de la Crisis escribí en la revista Inmobiliarios 20, editada por Unión De Créditos Inmobiliarios, un artículo titulado: ¡O cabalgamos juntos, o nos ahorcarán por separado! La frase era de Mark Twain y yo la utilizaba para animar a la reunión de esfuerzos inmobiliarios y a la colaboración de las asociaciones inmobiliarias de aquella época. Tuvo un cierto éxito entonces, pero yo creo que Caín debe de estar riéndose todavía de mi consejo, porque el hecho es que durante estos años hemos seguido cabalgando, cada uno por separado, cada uno a lo suyo. Y que el número de jinetes inmobiliarios sea ahora inmensamente inferior al que antes cabalgaban en tropel no parece sin embargo haber movido a la reflexión de que parte de esa mortandad haya sido debido, precisamente, al tamaño de nuestras organizaciones

No lo dude: ¡Hay que matar a Caín, si queremos salir de esta! Y empezar a ver al otro inmobiliario, como colaborador y no como enemigo. Y al exterior como algo no distinto del interior, sino lo mismo… solo que un poquito más allá.

Y, en cualquier caso, los inmobiliarios españoles tienen que afrontar el desafío de la acción exterior, porque si no se hace,  la alternativa es siniestra.

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