Las medidas aplicadas para resolver la Crisis, ¿están solucionando o agravando la misma?

Madrid. Empiezan a surgir reflexiones que apuntan en una dirección inquietante: y ésta es, que lo que se está haciendo para salir de la crisis no sólo no sirve para mucho sino que quizás la está empeorando.
 
Sería algo así como si al ir al médico para curarnos una enfermedad, éste nos hubiese recetado una medicina que no sólo nos mantuviese –eso sí con los síntomas de la enfermedad aliviados y por ello con una cierta sensación de que estamos saliendo de la crisis de salud–,  en la misma situación de enfermedad y  que, además, la prolongación del estado de dolencia hiciese posible la presencia de otros males.
 
Véase como ejemplo lo que en una tribuna de El País digital manifiesta Rafael Ontiveros  en un artículo titulado: Cien años después. En él, leemos que si bien está comprobado que existe una correlación positiva significativa entre desarrollo del sistema bancario de un país y el desarrollo económico del mismo… “La severa particularización de la crisis global en la Eurozona, así como la complejidad y lentitud del proceso de recuperación de algunas de sus economías, son tributarias de sistemas bancarios que están lejos de cumplir las funciones que tienen asignadas en el normal funcionamiento de cualquier economía. Si suficiente era la evidencia acerca de la contribución del desarrollo financiero al crecimiento económico, esta crisis puede llegar a ilustrar la causalidad contraria: algunos sistemas bancarios dificultarán de forma significativa la recuperación económica.”
 
Léalo otra vez y repare en que a juicio del autor las entidades bancarias NO están teniendo el funcionamiento requerido –de hecho están lejos- para la normalización económica y que, más aún, en la larga crisis que padecemos y padeceremos bien pudiese comprobarse que el sistema bancario está dificultando más que ayudando a la recuperación económica general.
 
Sorprendente, ¿verdad?
 
No debe perderse tampoco lo que se manifiesta en un artículo de Joaquín Clemente, publicado ayer en el medio digital Valencia Plaza bajo el título de: La persistencia de la crisis inmobiliaria pone en peligro las refinanciaciones cerradas en 2009  y en el que se anota con cierto detalle las vicisitudes de múltiples empresas de la Comunidad Valenciana. Y aunque sólo se refiere a esta Comunidad, creo que lo que se dice es perfectamente extrapolable a todas las demás.

Pues bien lo que ahí se señala es que la prolongación de la crisis está mostrando que las soluciones utilizadas en estos años para dar respuesta al problema de la crisis inmobiliaria, no lo son tal. El sistema se ha equivocado en la adopción del conjunto de soluciones empleadas en resolver el problema inmobiliario y parece haberse quedado sin respuestas eficaces.
 
Hoy, a punto de cumplir cuatro años completos viviendo con la crisis, ya empezamos a vislumbrar esa verdad. Y de confirmarse, que bien pudiera, tendríamos que enfrentar la dura realidad de que si con este conjunto de soluciones usadas hasta ahora, no hemos logrado más que malvivir con la crisis los que todavía sobrevivimos, y no nos han servido para salir de la misma… no hay más solución que cambiar de presupuestos y adoptar otras distintas.
 
La persistencia de la crisis inmobiliaria (1),  el conjunto de soluciones aplicadas en estos primeros cuatro años para resolverla, la situación actual y lo que parece vislumbrarse al fondo, indican a mi juicio dos cosas: a) que no estamos resolviendo realmente el problema, y  b) que la persistencia en la aplicación de medidas erradas pueden estar agravando el problema.
 
Así que ésta es la cuestión: Las medidas que se están aplicando actualmente para resolver la Crisis (y con ella, la crisis inmobiliaria)…  ¿están solucionando o agravando la misma?
 
Esperamos las respuestas de nuestros lectores a esta cuestión.
 
(1) Véase a estos efectos de duración esperable de la crisis el artículo de Susana Alcelay publicado en ABC.es, titulado: Sin visos de salida. Quizás las medidas adoptadas hasta hoy incluían en su ideario una salida a la crisis de duración mucho más corta de la que parece intuirse ahora. Una razón más para repensar las soluciones pues ya sabemos que, razonablemente, la crisis va para largo.

Miguel Villarroya

mvillarroya@inmodiario.com

 

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