Los fondos de pensiones se adentran en inversiones de riesgo

Con las acciones y los bonos, inversiones de riesgo limitado con las que los fondos de pensiones han podido tradicionalmente obtener una rentabilidad mínima del 5% para sus tenedores, de capa caída, las gestoras de estos vehículos están empezando a asumir más riesgos de los deseados.

Además de que los bajos tipos de interés se asocian con bajos retornos posteriores, tanto para la renta variable como para la fija, tampoco ayudan nada las políticas de estímulos de los bancos centrales, que fuerzan a los grupos de ahorro a prestar a los Gobiernos a tipos  bajos.

Es por ello que las gestoras de fondos de pensiones se estén replanteando su estrategia de dejar el dinero en acciones para adentrarse en terrenos más inseguros, pero también con rentabilidades que pueden ser muy superiores, introduciendo en el juego del apalancamiento, las inversiones a corto y los productos derivados.

Entre estos activos sobre los que los fondos de pensiones han empezado a poner sus ojos se encuentran los activos inmobiliarios, contemplados como una vía para cumplir con la obligación del pago de las pensiones al que están comprometidos. Lo mismo que sucede con el crédito alternativo, que incluye préstamos prioritarios, obligaciones de préstamos garantizados, deuda corporativa subordinada e hipotecas comerciales.

Los activos inmobiliarios ofrecen unos ingresos recurrentes y, según en qué mercados, pueden comprarse a bajos precios relativos tras la retirada de los bancos de este tipo de inversionest. Del mismo modo, el crédito alternativo tiene una virtud primordial, la de su baja correlación con la renta variable y los bonos tradicionales, siendo sus rendimientos entre un 5% y un 10%.

Indudablemente existen peligros al adentrarse más allá de las competencias básicas, pero los fondos de pensiones saben que, si se quedan con bonos y acciones, probablemente no podrán cumplir sus promesas. Y es que las ganancias conseguidas en el pasado se debieron a factores positivos irrepetibles como las épocas de bonanza de las economías alemana y japonesa.

Ahora, en cambio, además de las economías de la mayoría de los países sobreviviendo más mal que bien, existe un aspecto que cada vez adquiere mayor consideración, como es el relativo a que se van a empezar a jubilar los nacidos en la época del ‘baby boom’, con lo que se abre un desequilibrio evidente al aumentar sobremanera los que reciben los pagos y disminuir el número de trabajadores que deben contribuir. Y muchos de los que lo hacen con aportaciones tan ridículas que no sirven para cubrir lo que aquellos deberían recibir.

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