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Los bancos ‘sistémicos’, a salvar las empresas ‘sistémicas’

Había que salvar a Bankia como fuera porque era una entidad ‘sistémica’ –su quiebra hubiera acarreado unas consecuencias imprevisibles– y se salvó, inyectando en su balance la mitad de los 41.000 millones de euros que el Reino de España recibió de la Unión Europea.

Ahora, la entidad presidida por José Ignacio Goirigolzarri, ya convertida en ‘sana’, junto a Santander, BBVA, CaixaBank, Popular y Sabadell, se aprestan a echar un cable a esas otras grandes empresas que andan con el agua al cuello, con unas deudas financieras astronómicas, pero cuya eterna refinanciación se hace más necesaria que nunca.

La consigna es clara. Ninguna de ellas puede ir a concurso de acreedores, porque esos bancos las consideran ‘sistémicas’, ya que ellas son las principales acreedores de decenas de miles de millones de euros.

Se ha visto con El Corte Inglés, se está viendo con Prisa y se aprestan a hacer lo mismo con FCC y con alguna otra empresa que también está en unas condiciones financieras penosas. No es que se tenga seguridad de que, al cabo de cuatro o cinco años, se van a devolver las deudas, pero no queda otra que tirar hacia adelante. Aunque esa vía conlleve aportar unos 5.000 millones de euros de provisiones adicionales, es la solución menos traumática.

Para defender estos intereses y que las decisiones se tomen de la manera más consensuada posible para que no haya lugar a equívoco alguno –hoy por ti, mañana por mi– se ha creado lo que vienen a llamar el G-6, utilizando la nomenclatura ya manida para cada vez que un grupo de empresas o de lo que sea se unen. Me viene a la memoria aquel rimbombante ‘G-14-Inmobiliarias por la Excelencia’, del que nunca más se supo, y todos sus integrantes o están en concurso de acreedores o llevan camino de ello.

Pues bien, este nuevo G-6 ya ha empezado a actuar. La reciente compra por parte del Banco Santander del 51% de la división financiera de El Corte Inglés, entraría ya dentro de esta nueva estrategia de arrimar al hombre con los deudores en problemas. Y lo mismo sucede con el grupo Prisa o con FCC.

No en vano ese G-6 suma casi el 80% de los 6.700 millones que adeuda el grupo constructor. Y, como en el caso de Prisa, también aquí, además de ponerse de acuerdo entre ellos, deben esperar a que el resto de acreedores internacionales también lo hagan. Un asunto que no resulta nada fácil.

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