Tu revolución empieza en casa

Madrid. No sé si han visto ustedes el nuevo anuncio de IKEA. Los suecos se han propuesto que tiremos los viejos muebles que heredamos hace años, que nos deshagamos de la enciclopedia británica que con esto de internet ya no utilizamos y que, de paso, le digamos adiós a ese jarrón horroroso que nos regalaron por nuestra boda. Todo esto al mismo tiempo que cambiamos las cortinas y las colchas, que ahora que llega el verano se imponen otros colores.

Eso sí, la “revolución” que nos vende IKEA no incluye un cambio de ventanas y eso que absolutamente todas las que salen en el spot son viejas ventanas de madera, de esas que no cierran bien y tienen la pintura levantada. Debe ser que los creativos de esta publicidad consideran que una ventana desencajada combina perfectamente con el minimalismo que prescriben.

Y pienso yo… pues sí, es mucho más fácil comprar unos cojines o cambiar una mesa de centro que meternos en una reforma de nuestra vivienda pensando en cómo mejorar, de paso, el consumo energético de nuestros hogares. Pero en el fondo, mientras que lo primero no deja de ser un gasto, mayor o menor, pero un gasto; lo segundo sólo puede ser considerado como una inversión. Un desembolso que recuperaremos, dependiendo del alcance de la obra de rehabilitación que acometamos en un periodo de tiempo más o menos corto. Euro a euro, la inversión realizada volverá a nuestros bolsillos en forma de ahorro en la factura energética.

En IPUR, la Asociación que presido y que aglutina a la Industria del Poliuretano Rígido, conocemos cada día demostraciones prácticas de cómo la instalación de un buen aislamiento consigue amortizarse en un plazo de entre tres y seis años.

Pero además del factor económico, que tal y como están las cosas nos preocupa y mucho, está también la preocupación medioambiental. La Unión Europea quiere transformar su parque de viviendas construidas en edificios con un consumo de energía casi nulo en 2020. Los expertos estiman que con una reducción del consumo de calefacción en un 80%, algo que puede conseguirse con un buen aislamiento y unos cerramientos correctos, pueden reducirse las emisiones contaminantes de nuestra vivienda en un 34%. Cambiando el modelo energético actual se conseguiría la disminución del 80% de las emisiones en 2050.

Pero para hacer esto posible y cumplir con las exigencias de Bruselas será necesaria la apuesta decidida de las administraciones para la puesta en marcha de un plan integral de rehabilitaciones energéticas de esos grandes consumidores de energía que son nuestros edificios.

Porque estoy de acuerdo  en que la revolución empieza en casa. Eso sí, que las revoluciones que emprendamos no se queden en lo accesorio o estaremos perdiendo una oportunidad de acercarnos a países que, como Suecia, nos llevan años de ventaja rehabilitando energéticamente sus hogares, con muebles de IKEA o sin ellos.

Javier Carnicer
Presidente de IPUR

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