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España necesita más vivienda, pero también saber dónde construirla: el papel de los datos territoriales

España necesita más vivienda. Pero saber cuánto construir es solo una parte de la ecuación. La otra, quizá más compleja, consiste en determinar dónde existe realmente esa necesidad, qué tipo de vivienda requiere cada territorio y cómo evolucionará esa demanda en los próximos años.

Las cifras muestran la magnitud del desafío. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de hogares en España aumentará en cerca de 3,7 millones entre 2024 y 2039. A ello se suma un déficit de vivienda que diferentes estimaciones sitúan ya en varios cientos de miles de unidades. En un contexto como este, tomar decisiones basándose únicamente en tendencias generales, experiencia acumulada o intuición resulta cada vez más insuficiente.

El mercado inmobiliario es, por definición, territorial. Dos municipios próximos pueden presentar dinámicas demográficas, económicas y empresariales completamente distintas. Incluso dentro de una misma ciudad, las necesidades pueden variar considerablemente entre barrios.

Por ello, el reto no consiste únicamente en construir más, sino en comprender mejor dónde hacerlo y para quién.

Del dato nacional a la realidad de cada territorio

Durante décadas, la experiencia y el conocimiento del mercado han sido pilares de las decisiones inmobiliarias. Continúan siendo fundamentales, pero hoy pueden complementarse con una cantidad de información territorial que hasta hace pocos años era difícil de analizar de manera conjunta.

Datos demográficos, renta, actividad empresarial, catastro, movilidad, oferta inmobiliaria, presión turística o características de los hogares permiten construir una fotografía mucho más precisa de una determinada zona.

Aquí es donde la inteligencia geoespacial adquiere especial relevancia. Su valor no reside simplemente en visualizar información sobre un mapa, sino en relacionar diferentes variables para comprender mejor las dinámicas de un territorio y reducir la incertidumbre antes de tomar una decisión.

Para una promotora, por ejemplo, conocer el crecimiento previsto de los hogares puede ser tan importante como analizar las características de las viviendas existentes, los servicios disponibles o la evolución socioeconómica de la zona. Para un inversor, entender el tejido empresarial y la movilidad alrededor de un activo puede aportar información adicional sobre su potencial. Y para una administración pública, identificar territorialmente dónde se concentra la necesidad de vivienda puede ayudar a orientar mejor sus políticas.

La escasez de vivienda no es igual en todas partes

Uno de los problemas de analizar la vivienda únicamente a partir de grandes cifras nacionales es que estas pueden ocultar enormes diferencias territoriales.

No todas las ciudades necesitan el mismo número de viviendas, ni las mismas tipologías. Tampoco toda vivienda existente constituye necesariamente oferta disponible. Es importante distinguir entre residencia habitual y secundaria, viviendas realmente desocupadas, alojamientos de uso turístico o inmuebles que aparecen en el mercado.

Por ello, disponer de datos no basta. Necesitamos que esos datos puedan localizarse, cruzarse y analizarse territorialmente.

Esto permite plantear preguntas mucho más concretas: ¿en qué zonas está aumentando el número de hogares más rápidamente? ¿Dónde existe una mayor distancia entre oferta y demanda? ¿Qué municipios concentran vivienda vacía y cuáles tienen dificultades para generar nueva oferta? ¿Dónde existe suelo o capacidad residencial, pero faltan servicios, conexiones o actividad económica?

Responder a estas preguntas puede ayudar a que la conversación sobre vivienda evolucione del “cuánto falta” al “qué hace falta y dónde”.

Una transformación que va más allá de la vivienda

Esta lógica no se limita al residencial. El mismo principio puede aplicarse a prácticamente cualquier segmento inmobiliario.

En retail, analizar la población, la competencia, el tejido empresarial y las áreas de influencia permite evaluar el potencial de una nueva ubicación. En oficinas, los patrones de movilidad y la concentración empresarial ayudan a comprender la evolución de determinados polos de actividad. En logística, la accesibilidad, las infraestructuras y la proximidad a los mercados son variables fundamentales.

El denominador común es que cada activo está condicionado por el territorio que lo rodea.

La evolución tecnológica está haciendo posible, además, que este tipo de análisis deje de estar reservado a especialistas en sistemas de información geográfica. El reto ahora es conseguir que esa información llegue de forma comprensible a los equipos de inversión, expansión, desarrollo o gestión de activos y pueda incorporarse a sus decisiones cotidianas.

De acumular datos a tomar mejores decisiones

La verdadera transformación del real estate no consiste en disponer de más dashboards o acumular enormes cantidades de información. Consiste en desarrollar una cultura empresarial capaz de utilizar esos datos para formular mejores preguntas.

La experiencia profesional seguirá siendo imprescindible. Los datos no sustituyen el conocimiento de quienes llevan años trabajando sobre el terreno, pero sí pueden complementarlo, contrastarlo y aportar nuevas perspectivas.

Además, una visión territorial compartida puede facilitar la colaboración entre administraciones públicas, promotores, inversores, operadores y otros actores que intervienen en el desarrollo de nuestras ciudades.

Ante retos como la escasez de vivienda, la adaptación climática o la necesidad de infraestructuras y servicios, España necesita planificar con una perspectiva cada vez más precisa y a largo plazo.

Porque la cuestión ya no es únicamente cuántos metros cuadrados necesitamos construir. Es entender dónde los necesitamos, para quién y cómo encajan en la ciudad que queremos desarrollar.

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