¿Cómo cobrar el seguro de vida en caso de fallecimiento por coronavirus?

Desde el despacho Sanahuja Miranda señalan que «gran parte de la población acude a las aseguradoras para notificar el fallecimiento y reclamar la indemnización que corresponde, pero no siempre es una labor sencilla de ejecutar».

Los seguros de vida cubren el fallecimiento por cualquier causa, pero pueden existir compañías aseguradoras que excluyan el riesgo de pandemia, por lo que es indispensable acudir a un profesional del sector para averiguarlo.

Frente a este clima de inestabilidad mundial derivado por la situación sanitaria de la pandemia, crece la necesidad de contratar seguros de vida también entre las generaciones más jóvenes.

Cuando la COVID-19 empezó a brotar por el mundo, España fue uno de los primeros países en Europa en declarar el Estado de Alarma por el aumento de contagios. La pandemia todavía sigue afectando a la población española durante la segunda oleada; de hecho, los datos oficiales indican un total de más de 40.000 fallecidos por coronavirus.

Frente a este panorama mundial, en caso de deceso de algún familiar debido al contagio por COVID-19, «gran parte de la población acude a las aseguradoras para notificar el fallecimiento y reclamar la indemnización que corresponde, pero no siempre es una labor sencilla de ejecutar», señala Fernando Sanahuja, socio director del despacho Sanahuja Miranda Abogados. Es importante, por eso, apoyarse en profesionales del sector para poder tramitar adecuadamente el cobro de la indemnización del seguro de vida que la persona difunta había contratado.

Pasos para el cobro del seguro de vida

Lo primero es comprobar que el seguro de vida que el fallecido tenía contratado incluía el riesgo de pandemia. Dado que los seguros de vida cubren el fallecimiento por cualquier causa, generalmente la mayoría de las entidades incluye este apartado en su cobertura, pero pueden existir aseguradoras que «excluyen este tipo de riesgo, por lo que habrá que revisar el contrato para confirmarlo», advierte Fernando Sanahuja.

Para poder cobrar el seguro de vida de la persona difunta, recomendamos que, en cuanto sea posible y a la mayor brevedad, se notifique el fallecimiento a la entidad aseguradora por escrito. A partir de ese momento, se deberán facilitar a la aseguradora algunos documentos para poder tramitar el cobro del seguro, como el certificado de defunción, la copia del último testamento y la identificación de los beneficiarios, entre otros.

«Las aseguradoras podrán solicitar la documentación que necesiten para valorar si procede el pago de la indemnización. En general, después de haber entregado todo que se requiere, la entidad suele dar un adelanto para el pago del entierro, entre otros gastos. Posteriormente tendrá tres meses desde que se notificó la defunción para entregar la cantidad de indemnización que corresponde, según el tipo de póliza del asegurado», explica Fernando Sanahuja.

Además, las entidades ofrecen tres formas de pago, que suelen ser el pago único, la renta temporal, con la que se paga el importe en variosaños, y la renta vitalicia, en base a la que se divide la indemnización en cuotas mensuales dependiendo de la esperanza de vida del beneficiario.

La contratación de seguros de vida subirá entre los más jóvenes por la pandemia

Frente a este clima de inestabilidad mundial, crece la necesidad de contratar seguros de vida, no solo entre la población de mediana y avanzada edad, sino que también entre los más jóvenes: «Pese a que en general los jóvenes no tienden a pensar en el fin de sus vidas, ahora la pandemia les preocupa y están empezando a valorar en serio las contrataciones de seguros de vida», señala Fernando Sanahuja.

Mientras que los seguros médicos privados ya estaban al alza desde antes de la pandemia entre cualquier franja de edad de la población española, los seguros de vida en 2019 fueron mayoritariamente valorados por los ciudadanos de entre 35 y 54 años , según los datos de la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (UNESPA). Ahora esta tendencia podría modificarse y afectar también a la franja de población más joven debido a las consecuencias de la COVID-19, que ha causado un cambio en los valores y las prioridades de los ciudadanos de todo el mundo.

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