El estudio Pauzarq, premio Peña Ganchegui a la Joven Arquitectura Vasca

El estudio de San Sebastián Pauzarq, integrado por Elena Usabiaga y Felipe Pérez Aurtenetxe, ha recibido el premio ‘Peña Ganchegui a la Joven Arquitectura Vasca’, un galardón creado por el Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco en colaboración con el Archivo Peña Ganchegui, con el objetivo de reconocer una joven trayectoria arquitectónica e impulsar al mismo tiempo una carrera con proyección emergente.

La entrega de la primera edición del premio Peña Ganchegui ha tenido lugar en el convento de Santa Teresa de la capital donostiarra, en un acto que ha reunido a representantes institucionales y profesionales de la cultura y de la arquitectura de Euskadi.

El jurado integrado por los arquitectos Lluis Clotet, Ángela García de Paredes y Carlos Quintáns, acompañados por la directora del Archivo Peña Ganchegui, Rocío Peña, y el Director de Vivienda y Arquitectura del Gobierno Vasco, Pablo García Astrain, ha valorado la coherencia entre los diferentes proyectos realizados por el estudio Pauzarq, «así como la claridad con la que entienden la capacidad de transformación que tiene la arquitectura, entendiendo aquello que es principal y lo mudable, siendo evidente la compresión de la estructura, con su importancia y la forma en la que se muestra».

Así mismo, el jurado ha querido destacar la acertada organización que son capaces de establecer en sus proyectos, consiguiendo claridad y orden, y han concedido una singular atención a su rehabilitación del caserío Aurtenetxe Bekoa, en Dima (Bizkaia), que consideran especialmente acertado.

El premio, dirigido a profesionales de la arquitectura con menos de 10 años de experiencia, que se hayan titulado o tengan su actividad en Euskadi está dotado con una retribución de 6.000 euros en metálico.

Recibe su nombre del arquitecto Luis Peña Ganchegui (Oñati 1926-Donostia 2009), máximo referente de la arquitectura vasca en la segunda mitad del siglo XX, fundador de la Escuela de Arquitectura de San Sebastián y autor de obras emblemáticas como la Torre de Vista Alegre (Zarautz 1959), la Plaza de la Trinidad (Donostia, 1963), la Iglesia de San Francisco (Vitoria, 1968) o la Plaza del Tenis (Donostia, 1976), antesala del Peine del Viento, de Eduardo Chillida.

En esta primera edición se han presentado 20 candidaturas, que han reunido a un total de 25 arquitectos procedentes de 6 escuelas diferentes (Donostia, Madrid, Valladolid, Barcelona, Pamplona y San Cugat), cuya actividad se desarrolla mayoritariamente en el País Vasco, aunque también se han recibido propuestas de otras latitudes, como Londres o Berlín.

El jurado ha concedido, además, tres menciones especiales: a Carlos Garmendia, por su habilidad para conseguir cambios importantes en lo ya construido, a través de operaciones ligeras basadas en la superposición sobre lo antiguo de nuevas superficies exquisitas; a Daniel Ruiz de Gordejuela, de quien se aprecia el seguimiento de unos argumentos disciplinares claros que no se debilitan durante el desarrollo del proyecto, dando lugar a unos resultados formales no apriorísticos, resultando complejos y distintos entre sí; y a Ander Rodríguez, de Mugara, por la investigación que establece en cada uno de sus proyectos y la capacidad de hacer de pequeñas intervenciones cuestiones importantes, convirtiendo barandillas o límites de espacios en motivos con los que explorar intensamente diversos campos narrativos y constructivos.

El tribunal ha querido también destacar el trabajo de los otros cuatro finalistas: Jon Ander Aguirre; Iñaki Albistur y Raquel Ares, de Arquimaña; Eduardo y Eloi Landia, de Ele Arkitectura y Diego Sologuren por el interés de las singulares líneas de trabajo que dichas candidaturas representan.

El consejero Iñaki Arriola ha destacado la calidad de los trabajos presentados en esta primera edición y ha señalado que el objetivo de estos premios es «velar por la renovación y mejora constantes de la producción arquitectónica de Euskadi, y ayudar a los más jóvenes. Porque en muchas ocasiones se están enfrentando a situaciones especialmente complicadas, más aún después de muchos años de una larga crisis en el sector de la construcción».

Por su parte, Rocío Peña ha mostrado su satisfacción por ver cumplida esta primera edición de un galardón «que además de suponer un reconocimiento a la figura de mi padre, reconoce una arquitectura de calidad hecha por jóvenes arquitectos vinculados a nuestro entorno».

La hija de Peña Ganchegui ha agradecido por su iniciativa al Gobierno Vasco; al conjunto de candidatos por el esfuerzo realizado; así como a los miembros del jurado, «tres arquitectos de prestigio cuya participación ha sido un verdadero lujo».

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