EEUU sí confía en que afloren los ‘brotes verdes’ inmobiliarios

Los precios de la vivienda siguen subiendo en Estados Unidos y los potenciales clientes, aunque todavía con cautela, empiezan a plantearse seriamente la posibilidad de hipotecarse para comprar. Son, ciertamente, ‘brotes verdes’ que parecen bien cultivados, pero a los que todavía queda un largo camino para que afloren en toda su plenitud.

Los últimos datos apuntan a que los precios subieron en 49 de los 50 estados, registrándose el mayor aumento en los que las burbujas inmobiliarias y posteriores descensos fueron más acusados, como California, Arizona o Florida. Y tardarán más en materializarse en zonas en las que el proceso de ejecución hipotecaria sea más lento y cuyo stock sea mayor, caso de Nueva Jersey e Illinois.

No obstante, el camino por recorrer todavía es largo hasta que se alcancen los precios máximos registrados hace siete años, al estar todavía, en promedio, casi un 25% por debajo de aquellos. Aunque, de manera puntual, ya ha habido varios meses en los que el aumento de precios ha superado los dos dígitos, se espera que en lo que queda de 2013 y durante 2014 se ralentice dicha subida hasta situarse entre el 5% y el 8%.

Por lo que al tipo hipotecario más común se refiere (a 30 años), ha registrado recientemente una subida abrupta, provocando un incremento de entre un 10% y un 15% en la cuota mensual de las hipotecas. A pesar de ello, las garantías de su amortización son mucho más seguras que las existentes en años precedentes.

Los stocks tanto de obra nueva como de viviendas de segunda mano se sitúan próximos a récords mínimos históricos. La obra nueva vuelve a crecer y, en cuanto a la segunda mano, la mayor preocupación se cierne sobre aquellas que son objeto de ejecución inmobiliaria, que muestra tendencia a la baja, mientras que la tasa de disponibilidad para la venta de bienes hipotecados ha revelado un ritmo muy lento.

Desde el estallido de la burbuja con la salida a flote del escándalo de las hipotecas ‘subprime’ muchos jóvenes han retrasado el momento de independizarse, lo que ha creado un desfase en la demanda de viviendas, aunque se confía en la mejora de las condiciones económicas para invertir esta tendencia.

Las expectativas de las entidades financieras y otros prestamistas se consideran como un factor fundamenta en la determinación de los precios de las viviendas a corto plazo. Cuando los precios suben, los consumidores esperan que sigan aumentando y cuando bajan, los consumidores esperan que caigan aún más, al menos a corto plazo. Por lo tanto, si los consumidores prevén aumentos en los precios se decidirán a comprar sin esperar, aunque los tipos hipotecarios suban.

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