‘Me arrepiento de no haber pinchado antes la burbuja inmobiliaria’

Madrid. No podía ser de otra manera. En el último Debate sobre el estado de la Nación del actual Presidente del Gobierno toda la carga de la culpa de la crisis que sufrimos en la actualidad se ha centrado, una vez más, en el sector inmobiliario. De nuevo se ha recurrido al habitual estribillo de la Ley del Suelo de Aznar como origen de la crisis del sector y, cómo no, de la crisis general del país. Cuando la carga de demagogia alcanza ciertos umbrales de nada sirven las descripciones reales sobre las causas que incrementaron el precio de la vivienda de manera desproporcionada, no; todo ha de resumirse a la «especulación inmobiliaria», cajón de sastre en el que se incluyen promotores, constructores, y cuando conviene simpatizar con la población, también banqueros y prestamistas.

¿Se ha desarrollado un modelo de urbanismo y construcción racional y sostenible durante los últimos años? No ¿Es saludable para nuestra sostenibilidad económica y social el incremento estratosférico del precio de la vivienda que ha tenido lugar en el último decenio? No ¿Acaso es recomendable que una economía base su potencial única y exclusivamente en un sector productivo y no tienda a la diversificación? No ¿Ha existido la especulación inmobiliaria? evidentemente, sí. Es insufrible que una persona que quiera obtener una vivienda tenga que destinar media vida para poder pagarla. Es peor aún que, en caso de no poder pagarla, el acreedor hipotecario pueda quedarse con dicha vivienda y con otros bienes del deudor hasta saldar así la deuda contraída con éste en base a una valoración abusiva del bien ejecutado. Si los españoles tienen que destinar la mayor parte de su sueldo para pagar sus viviendas, se reduce el consumo en otros sectores productivos; si tenemos en cuenta que aproximadamente el 50% del valor de la vivienda parte del coste del suelo, se acentúa aún más la acumulación de capital en unas pocas manos que, en la mayoría de los casos, acumulan dicho capital en activos financieros y en ahorro, de modo que se reducen más los recursos productivos.

Hace unos diez años todos querían comprar pisos. Se compraban pisos sobre plano y se vendían antes de estar acabados a precios superiores, simplemente habiendo aportado una señal. Los créditos se regalaban. Se compraban suelos rústicos a precios exorbitados; el precio de los suelos urbanos era casi prohibitivo. El dinero circulaba. Los consumidores sufrían las consecuencias de una oferta que sorprendentemente resultaba insuficiente para la demanda, y los abusos en las ventas eran algo habitual. Se cometían desastres urbanísticos que tardarán décadas en solucionarse; aberraciones urbanísticas en nuestros parajes naturales; urbanizaciones en lugares absurdos para clientes que nunca existirían. El dinero circulaba. Se titulizaban hipotecas en derivados financieros de compleja estructura. El crecimiento de los créditos al consumo era tal que cualquier persona podía comprarse un coche y hacer un crucero por el Caribe sin necesidad de dar más explicaciones de cómo iba a saldar la deuda. Se vendían casas, los restaurantes estaban llenos y para todos era magnífico el sistema. El dinero circulaba.

Ahora todo eso es pasado. La crisis recorre España en silencio. Muchas familias tratan de ocultar que no llegan a final de mes. Las empresas se extinguen y los recortes aparecen. Y lo que es peor, incubamos nuevos problemas: la actual Ley del Suelo se estrellará irremediablemente como lo ha hecho la promoción de Vivienda Protegida; a poco que la economía mejore levemente, la restricción del suelo susceptible de ser urbanizado en virtud de la clasificación de dicha Ley, hará que el precio de éste se mantenga muy por encima de lo que sería deseable. La vivienda no bajará un 60%; ni un 50 ni un 30%. No se debería confiar en la publicidad engañosa que emplean las divisiones inmobiliarias de las entidades financieras. Lo cierto es que el problema del acceso a la vivienda seguirá siendo una triste realidad para los próximos años.

No se han solucionado los problemas relativos al sector. Y no parece que entre los candidatos del espectro político existan alternativas sólidas sobre el problema de la vivienda. El pinchazo se ha producido por la crisis; que nadie acceda a colgarse medallas por algo que no ha hecho. Y mucho menos cuando tampoco se han logrado solucionar los problemas internos del sector.

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