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Las comunidades de propietarios exigen la implantación del administrador de fincas 3.0

Internet lo está revolucionando todo y, en muchos casos, para bien, como ocurre con los trabajos de los administradores de fincas, que han empezado a sacar provecho de los dispositivos móviles y de las redes sociales.

Se trata básicamente de poner a la altura de sus clientes, las comunidades de propietarios, a la hora de gestionar los mil y un procesos que conlleva.

Se acabaron las actas de las juntas hechas a mano o puntear los recibos, para convertir las herramientas tecnológicas en las mejores aliadas para este nuevo tipo de administrador, ayudándole a automatizar algunos de sus procesos y a generar, presentar y analizar la información.

Valor añadido, proactividad y ahorro de tiempo y dinero serían las características del administrador 3.0. Con todo, el administrador debe ser capaz, por ejemplo, de gestionar los impagos de los propietarios morosos. Pero no solo.

El campo de mejoras en su labor resulta muy amplio, con herramientas que facilitan sus relaciones con vecinos y proveedores, desde las cuestiones tradicionales de la gestión de las cuentas, a otras en las que, hasta ahora, el administrador no entraba.

Cuestiones como regular el uso de instalaciones comunitarias, como el gimnasio, la pista de tenis o pádel o las salas de reuniones, de cara a evitar las incómodas situaciones que suelen surgir entre los propietarios por no contar con una adecuada planificación, entrarían de lleno en el quehacer de estos nuevos administradores.

Son temas que, hasta ahora, y en muchos casos, quedaban encargados a los porteros y conserjes que, con mayor o menor voluntad, los intentaban arreglar, pero que, por cuestiones de tiempo, quedaban a medio camino.

Lo mismo sucede con el control de acceso a las piscinas. Un tema no menor que suele ser objeto de disputas. Básicamente por la afluencia de personas ajenas a la comunidad que, de buenas a primeras, convierten la pileta en un lugar excesivamente concurrido e incómodo.

En definitiva, se trata de que los administradores de fincas sean capaces de hacer valer su gestión, y pasar de simplemente realizar las tareas de gestionar los recibos, convocar las reuniones de las juntas y redactar las actas, a un escalón con muchas más actividades, que, gracias a las nuevas herramientas tecnológicas, no tienen por qué acarrear más tiempo de trabajo. Todo lo contrario.

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