Las casas de lujo más caras, las más fáciles de vender

Ni préstamos hipotecarios, ni avales, ni nada de nada. En el mercado inmobiliario de lujo funcionan otros parámetros. El precio importa, pero importa más si el inmueble gusta o no gusta al potencial cliente de este segmento del mercado, reservado a unos pocos.

Es por ello que las casas que mejor se venden son las que cuestan un millón de euros, como poco. En la costa, ciudadanos rusos, procedentes de países nórdicos  y millonarios marroquíes que no ven nada claro los tumultos que se están produciendo en países próximos, y temen que en el suyo pueda ocurrir lo mismo.

Y, en las zonas de interior, en torno a las zonas más lujosas de las grandes ciudades, son empresarios y ciudadanos con patrimonio, los que se decantan por invertir en un producto que les ofrezca seguridad y ninguna necesidad de hacer reformas. Para entrar, como dicen los inmobiliarios.

El mercado de lujo es el que más se mueve y para el que se requiere cierto nivel de dinero y de extravagancia. No importa tanto el tamaño, que también, como que tenga múltiples prestaciones a nivel de servicios o de vistas panorámicas inmejorables.

También se busca una relación razonable entre calidad y precio exigiendo calidad, al mismo nivel que la estética, por lo que la sostenibilidad de la vivienda desde el punto de vista medioambiental cada vez se busca más. Así, la segregación y reciclaje de aguas grises, una climatización ecoeficiente, paredes térmicas y sistema de calefacción con control de humedad, resultan definitivos para decidirse por la compra de una u otra propiedad.

Lógicamente, los nuevos compradores, sabedores de que en muchas ocasiones el vendedor puede atravesar serios problemas económicos, no dudan en forzar las negociaciones, ofreciendo precios mucho más bajos de los que aquellos pagaron hace años, aunque sigan siendo precios astronómicos para el común de los mortales. Casas que hace seis años podían costar 5 o 6 millones de euros se podrían comprar ahora por poco más de 2 millones.

De todas formas, se trata de un mercado sujeto a mil y un condicionantes y a las modas reinantes. En este sentido, se han puesto de moda los castillos, cuyo precio se ha prácticamente triplicado en los últimos meses. O ese deseo de algunos grandes futbolistas, pertenecientes a algunos de los grandes clubes, que optan por residir en la misma zona, buscando discreción, comodidad y unas condiciones de seguridad que la residencia en otras urbanizaciones no permitiría.

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