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Desahuciator, un testimonio amargo

Madrid. Quizás sea el Otoño, que he emprendido el camino hacia alguna especie de depresión … o a lo peor es la simple realidad y el encuentro casual con la barbarie, pero el hecho es que la lectura del artículo de Lorenzo Silva en uno de los blogs de elmundo.es  me ha dejado demolido.

Se trata en él  de un hecho atroz, de un momento en el que el empleado de una entidad de crédito tiene que firmar  veinte documentos que conducirán irremediablemente al deshaucio de veinte familias en algún momento próximo. El autor trasmite con eficacia la angustia que siente al notar cómo él es una rueda más del mecanismo de desposesión, explica cómo no puede hacer nada para interrumpir el proceso, se lamenta de todo ello y yo creo que al final nos pide ayuda cuando nos dice: “En fin, que se entenderá que esta noche, cuando llegue a casa y acueste a mis hijos, no pueda conciliar el sueño. Algo que me gustaría compartir, y perdonen la faena, con todos los que vayan a votar a quienes permiten que siga este disparate.”

Por este lado, Deshauciator, no debe tener duda, los votantes les pasarán factura.

Pero será tarde, pues por lo que leemos desde el inicio de la crisis se han finalizado 350.000 expedientes de desahucio –suponer que eso ha afectado a un millón de personas, a razón de tres miembros por familia o empresa, no parece descabellado- y que eso se está haciendo a un ritmo acelerado. Hasta que la cordura se imponga y el actual Gobierno dé el primer paso: declarar la moratoria de desahucio… seguirá ocurriendo lo mismo y el problema de exclusión social de los deudores ya desposeídos crecerá. (Le reitero mi consejo de lectura del informe del Defensor del Pueblo, para entender mejor lo que está pasando.)

El artículo, además, está bien escrito y sus latiguillos motivadores muy bien dispuestos. Véase, éste:  “Lo malo, en días así, es saber lo que sé. Que aparte de terrible, e inhumano, es económicamente estúpido aniquilar así a la gente. Que más valdría darles una oportunidad de seguir en su vivienda, cuidándola y manteniéndola, y resarcir en alguna medida, la que puedan, la deuda contraída, en lugar de echarlos a la indigencia, desde la que nada podrán pagar, y sumar otra casa invendible a la pelota de ladrillo que arrastra ya el banco.”

Hace unos años –el 15-04-2009- publicamos en este periódico un artículo titulado: La Obesidad de la Reina Roja Inmobiliaria en el que desarrollábamos ese último punto y así decíamos: “7)  La Reina Roja inmobiliaria está engordando sin querer hacerlo. Los inmuebles son su “grasa” y como se sabe bien, al igual que para el cuerpo una cierta cantidad de grasa es vital, su exceso en cambio puede hacer peligrar su salud. Y lo mismo pasa en la Gran Banca, un cierto número de inmuebles adjudicados es bueno para ella, pero un exceso es perjudicial.” Y nos pesa haber acertado. Y aunque previsible nunca imaginamos la angustia y desespero que ese “engorde” de unos iba a significar para otros.

El problema señalado necesita entre otras cosas tiempo para resolverlo pero precisamente el proceso de desahucio deja a la gente sin tiempo y el problema, irresuelto y en aumento.

Y sólo puede resolverse con tiempo (además de talento y coraje). Y si bien talento y coraje no son fáciles de obtener, sí lo es en cambio el tiempo y la única forma de obtenerlo en este caso, es mediante la paralización de todos los expedientes de desalojo, mientras se definen las medidas necesarias para paliar la devastación que hemos sufrido. (Y que seguiremos padeciendo, mientras nadie arregle esta barbarie.)

Alguien tiene que “enterarse” – esto es, además de darse cuenta, hacer lo imposible para resolverlo- que los desahuciados son nuestros conciudadanos y que estos no son unos delincuentes que no hayan querido pagar sus deudas sino personas que no han podido hacerlo por causas (la Crisis, el Paro) sobre las que no tenían control.

La situación es extraordinaria, así que cualquier medida que no lo sea, será inútil. Por eso, reiteramos desde aquí: ¡Moratoria de desalojos, ya!

Miguel Villarroya Martín / Arroyo de la Vega / Madrid / España /

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