El arte de convertir marrones en azules en la administración de fincas

Una original propuesta de una empresa madrileña surgida con la promesa de quitar el trabajo más ingrato en las administraciones de fincas.

En tiempo de crisis donde tantas empresas fracasan, vemos aparecer otras propuestas de emprendedores que cuanto menos, llaman la atención por su originalidad. Es el caso, por ejemplo, de Attajo, una pequeña empresa madrileña que vende como producto estrella «convertir en azules los marrones» de los administradores de fincas.

Para los profanos en la materia la labor de estos administradores se basa en convocar y asistir a tediosas reuniones, redactar actas posteriores y hacer cuentas. Pues bien, lo que cuesta imaginar es que estas convocatorias, actas y cuentas conllevan el envío masivo de cartas. Redacción aparte, el trabajo de impresión, fotocopiado, ensobrado, sellado y posterior envío a la oficina de correos más próxima. Sólo en estas tareas, EADA estima que se pierden no menos de 3,5 minutos de tiempo por cada uno de los vecinos a los que hay que enviar una carta postal. La cosa no termina ahí, sino que aún hay que sumar los mínimos 15 minutos de realizar una factura a la comunidad de vecinos para recuperar el coste de estas cartas que, con frecuencia, hay que enviar nuevamente por correo. Tan solo con que un administrador de fincas que gestione diez comunidades de cien propietarios cada una y a las que tenga que enviar convocatoria y posterior acta dos veces al año, esta tarea aparentemente nimia -y que no es exclusiva de los administradores de fincas- hace que invierta 243 horas de tiempo propio o de un empleado -con el coste que eso supone- en lo que, en definitiva, es una tarea poco productiva y a menudo irritante: un marrón.

Del conocimiento en carne propia de los fundadores de este suplicio postal del sector, surge Attajo, una idea aparentemente simple para una necesidad con un coste muy alto en tiempo y dinero o, lo que es lo mismo, la posibilidad de convertir en «azules» muchos de los «marrones» de los administradores de fincas permitiendo externalizar este servicio de impresión, ensobrado y envío además de otras tareas improductivas como diligenciar libros de actas ante el Registro de la Propiedad. Si a esta liberación de tareas ingratas se suma que no supone un coste añadido a los administradores ya que se continúa facturando a la comunidad de vecinos, Attajo tenía la clave del éxito asegurado. Tan solo en la Comunidad de Madrid hay más de diez mil administradores colegiados. No es extraño que la propuesta haya sido acogida como aire fresco en el sector y en el 2015, su primer año de vida ya gestionaran la correspondencia de cerca de un centenar de comunidades y en el primer trimestre de 2016 hayan crecido en cerca de cincuenta más y otros gremios estén solicitando sus servicios en busca de un poco de azul en algunas de las tareas más tediosas de su trabajo diario.

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