Las ciudades se transforman a partir de los flujos de personas, mercancías e ideas que generan nuevas demandas sobre el territorio. En este contexto, los grandes eventos culturales y deportivos se consolidan como motores de regeneración urbana e infraestructural, capaces de dejar una huella duradera más allá del propio acontecimiento.
Esta dinámica exige concebir las infraestructuras desde una visión urbana y territorial de largo plazo. En ese marco, la reflexión técnica sobre infraestructuras urbanas cobra relevancia, como se expone en el análisis de transformación de un estadio disponible en cinco claves para la transformación de un estadio, donde se aborda cómo estos equipamientos pueden ampliar su impacto urbano y activar su entorno durante todo el año.
El resultado es un enfoque que integra movilidad, espacio público y usos híbridos, orientado a convertir grandes inversiones puntuales en escenarios urbanos complejos, capaces de generar identidad, actividad económica y cohesión territorial.
Datos relevantes
Las ciudades se han transformado históricamente a partir de los flujos de personas, mercancías e ideas.
Los grandes eventos culturales y deportivos actúan como motores de regeneración urbana e infraestructural.
Barcelona 1992 redefinió la relación de la ciudad con sus infraestructuras y su frente marítimo.
Los estadios pueden concebirse como equipamientos preparados para usos diversos a lo largo del año.
El Mundial de Fútbol 2030 está acelerando proyectos territoriales e infraestructurales de gran escala.
¿Por qué los grandes eventos pueden acelerar la regeneración urbana?
Los grandes eventos concentran inversión, atención institucional y plazos definidos, lo que obliga a las ciudades a ejecutar proyectos largamente planificados. Esta combinación permite abordar infraestructuras clave —transporte, equipamientos y espacio público— de forma coordinada. Si se diseñan con una visión urbana integral, estas actuaciones trascienden el evento, mejoran la conectividad y reequilibran barrios, generando beneficios sociales y económicos sostenidos en el tiempo.
¿Qué papel juegan las infraestructuras híbridas en este proceso?
Las infraestructuras híbridas superan su función técnica para convertirse en elementos estructurantes del tejido urbano. Al integrar movilidad, actividad económica y espacios públicos, canalizan flujos y activan áreas fragmentadas. Este enfoque permite que estaciones, estadios o frentes portuarios funcionen como catalizadores urbanos, reforzando centralidades y ofreciendo usos continuos que mantienen vivo el entorno más allá de los picos de demanda asociados a los eventos.
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La planificación urbana vinculada a grandes eventos redefine infraestructuras y deja impactos duraderos en la ciudad.
Los grandes eventos como catalizadores urbanos según L35 Architects
Las ciudades siempre se han transformado a partir de los flujos: de personas, de mercancías, de ideas. Acontecimientos capaces de atraer atención e inversión han obligado a las ciudades a repensarse para dar respuesta a nuevas demandas. Hoy, los grandes eventos culturales y deportivos se consolidan como motores de regeneración urbana e infraestructural, con un impacto que trasciende el propio evento y deja una huella duradera en el territorio.
Un referente histórico fue Barcelona 1992. Los Juegos redefinieron la relación de la ciudad con sus infraestructuras: ampliaron y reorganizaron vías y transportes, y reconectaron la ciudad con el mar, transformando su estructura metropolitana y su proyección internacional. Esta experiencia demuestra que las grandes infraestructuras, concebidas desde una visión urbana y territorial, pueden convertirse en palancas de transformación social y económica.
En palabras de Luisa Badia, co-CEO de L35 Architects:
«Los grandes eventos ofrecen a las ciudades una oportunidad única para pensar a largo plazo. Más allá de la afluencia puntual, permiten repensar infraestructuras y espacios urbanos para que sigan aportando valor, identidad y calidad urbana en el tiempo.»
Hoy, las ciudades siguen enfrentándose al reto de gestionar grandes flujos de personas y convertirlos en oportunidades para mejorar la calidad urbana. Esto requiere soluciones que integren cultura, ocio y actividad en recorridos urbanos coherentes, activando barrios sin perder identidad ni vocación propia.
En este marco se sitúa el trabajo de L35, un estudio que desarrolla proyectos de gran escala infraestructural entendidos como dispositivos urbanos capaces de generar ciudad.
Un ejemplo reciente es la renovación del Estadio de Gran Canaria, futura sede del Mundial de Fútbol 2030. Más allá de su adaptación a los estándares internacionales del evento, el proyecto plantea el estadio como un equipamiento preparado para acoger usos diversos a lo largo del año, ampliando su impacto urbano y activando los espacios que lo rodean. En Madrid, la transformación del estadio Santiago Bernabéu, otra sede del Mundial 2030 desarrollada por L35, ejemplifica cómo una gran infraestructura deportiva puede integrarse en la ciudad y reforzar su papel como escenario de eventos de alcance internacional.
Como señala Tristán López-Chicheri, co-CEO de L35 Architects:
«Los estadios forman parte de la estructura urbana de las ciudades. Su escala y capacidad de atracción exigen pensarlos siempre en relación con el entorno y la movilidad.»
El Mundial 2030 está actuando como acelerador de proyectos territoriales de escala nacional. En Marruecos, uno de los países anfitriones junto a España y Portugal, los preparativos han impulsado un ambicioso plan de expansión del sistema ferroviario con una inversión de alrededor de 100 mil millones de dirhams, aprobado por el gobierno en abril de 2025.
Este plan incluye la construcción de una línea de alta velocidad entre Kénitra y Marrakech, conectando también Rabat y Casablanca, diseñada para velocidades de hasta 350 km/h, y reduciendo significativamente los tiempos de viaje entre las principales ciudades. La expansión del sistema ferroviario, que contempla nuevas líneas interurbanas y urbanas, responde a la necesidad de reforzar la conectividad interna de cara al evento de 2030 y, a la vez, fortalecer la estructura del transporte como columna vertebral de desarrollo socioeconómico.
Este impulso ferroviario se integra con la visión estratégica de largo plazo del Plan Rail Maroc 2040, que busca modernizar y extender la red para servir a un mayor número de centros urbanos, mejorar la movilidad sostenible y conectar aeropuertos y puertos clave.
En este contexto, L35 trabaja en Marruecos en el diseño de cuatro estaciones RER, en colaboración con el estudio local Orange Atelier. Concebidas como infraestructuras híbridas, estas estaciones superan su función técnica para convertirse en elementos estructurantes del tejido urbano, capaces de recomponer centralidades y activar nuevas dinámicas en barrios fragmentados. Los flujos que canalizan estas infraestructuras se convierten en motores de regeneración urbana y reequilibrio territorial.
Las estaciones son, además, uno de los principales puntos de llegada a las ciudades y la primera experiencia que muchas personas tienen de ellas. Proyectos de L35 como la renovación de Roma Termini, uno de los hubs intermodales más transitados de Europa con 200 millones de visitantes anuales, evidencian la importancia de integrar movilidad, comercio y patrimonio, transformando el tiempo de tránsito en una experiencia urbana coherente.
Otros proyectos de L35, como la estación de Vigo o la transformación de Muelle Uno en Málaga, muestran cómo infraestructuras ferroviarias y frentes portuarios pueden reconectar partes de la ciudad, generar actividad económica y reforzar la relación con su entorno urbano y marítimo.
En un contexto global marcado por la movilidad y los grandes eventos, las infraestructuras dejan de ser meros soportes funcionales para convertirse en escenarios urbanos complejos, capaces de generar identidad, actividad económica y cohesión territorial. Diseñarlas desde una visión integral es hoy una condición esencial para construir ciudades más resilientes, accesibles y preparadas para el futuro.
