España sigue en las antípodas de la edificación sostenible:

“El marco normativo español va por detrás de la profesión en materia de sostenibilidad, mientras que herramientas de certificación como DGNB van por delante y marcan la línea de hacia dónde debe ir un sector que está en clara y profunda transformación”, argumenta Justo Orgaz, presidente de GBCe.

Apenas el 0,2% de las viviendas españolas cuentan con un certificado de sostenibilidad VERDE o DGNB, frente al 20% de certificación de su obra nueva con DGNB en Dinamarca.

El presidente de GBCe vaticina que un edificio sin certificado de sostenibilidad quedará obsoleto en cinco años y que es fácil pensar que pronto se creará un impuesto para las edificaciones no sostenibles.

España tiene 300.000 metros cuadrados de vivienda certificados con VERDE, una herramienta nacional de referencia para evaluar los impactos de las edificaciones —durante todo su ciclo de vida— sobre el medio ambiente, la sociedad y la economía. Esto equivale al 0,2% del total de la superficie residencial de nuestro país. Ese porcentaje de vivienda certificada se reduce a cero si tomamos como herramienta de medición DGNB, referente europeo en materia de certificación de la sostenibilidad en la edificación que acaba de cumplir su 15º aniversario.

Estos datos españoles contrastan con los de otros países europeos. Dinamarca, considerada casi por unanimidad como la punta de lanza global contra el cambio climático, certifica el 20% de su obra nueva con DGNB. “Esta alta tasa de certificación con DGNB lleva implícita que todos los agentes de la construcción de aquel país están muy comprometidos con la sostenibilidad”, explica Yolanda del Rey, responsable de Certificación de Green Building Council España (GBCe). Esto es así porque las evaluaciones realizadas con DGNB se basan en el ciclo completo del edificio —desde la fase de construcción hasta su demolición— y porque buscan el equilibrio entre las tres patas de la sostenibilidad: la ambiental, la económica y la sociocultural.

En el caso concreto de Dinamarca, esta mentalidad hacia la transición ecológica integral —cuyas raíces se remontan a la década de 1970— se extiende por sus instituciones gubernamentales, empresariales y por el conjunto de toda la sociedad. Como resultado de este convencimiento, Copenhague —la ciudad más poblada del país con dos millones de habitantes— cuenta, por ejemplo, con más de 200.000 metros cuadrados de cubiertas ajardinadas instaladas en sus edificios. El objetivo es claro: declararse neutra de carbono en 2025.

“El paradigma de la sostenibilidad es casi un dogma de fe para el sector y para todo el conjunto de la sociedad danesa, hasta el punto de que las promotoras compiten de manera natural para que sus promociones tengan la huella de carbono más baja”, destaca Bruno Sauer, director general de GBCe. De hecho, Green Building Council Denmark asesora al gobierno danés a la hora de definir el marco regulatorio a través de valores de referencia obtenidos de las certificaciones: “Tienen claro que, si el mercado lo puede hacer, la normativa no se puede quedar atrás”, añade Sauer.

Guía para el futuro

“El marco normativo español va por detrás de la profesión en materia de sostenibilidad, mientras que herramientas de certificación como DGNB van por delante y marcan la línea de hacia dónde debe ir un sector que está en clara y profunda transformación”, argumenta Justo Orgaz, presidente de GBCe y arquitecto de uno de los edificios de la Oak House School —en Barcelona—, uno de los pilotos que han ayudado a adaptar la herramienta DGNB a España.

Ante esta realidad, en la que limitarse a cumplir las exigencias normativas para lograr una licencia sitúa a un edificio dentro de la ley pero lejos de la sostenibilidad, guiarse sólo por las normas actuales a la hora de edificar se convierte en pan para hoy y hambre para mañana. “Limitarnos a cumplir con la anticuada normativa actual es una pésima estrategia ante lo que está a punto de llegar”, defiende Orgaz, quien asegura que si el sector y la sociedad en su conjunto toman como referencia los criterios definidos por las certificaciones, se anticiparán al cambio y garantizarán el valor de sus edificaciones: “Aprende a hacer las cosas como dice DGNB porque el futuro va a ir por ahí”, afirma Orgaz.

En este contexto, y pese a las diferencias entre el mercado danés y el español, el presidente de GBCe considera que España debe aspirar a parecerse a Dinamarca en materia de sostenibilidad y, por ende, de certificación: “Nuestra ambición debe ser que, de aquí a cinco o seis años, en torno al 15% de nuestra obra nueva tenga algún tipo de certificación como DGNB o VERDE”, resalta Orgaz.

De este modo, las certificaciones elevarán de forma homogénea el listón para los diferentes agentes del sector, servirán de guía para que la edificación pueda afrontar con garantías los objetivos globales de nuestro tiempo y unificarán el lenguaje, mejorando la comprensión: “DGNB atesora procesos cuantitativos muy estudiados, por lo que siempre será una buena estrategia guiarse por esta herramienta en un entorno cambiante, cada día más exigente y con una normativa atrasada”, recalca Orgaz.

Además, DGNB actúa como herramienta de anticipación para el sector y como vía de prevención contra la obsolescencia prematura. “Un edificio no certificado con una herramienta como DGNB va a quedar obsoleto en cinco años”, resalta Justo Orgaz, quien cree lógico pensar que pronto se creará un impuesto para las edificaciones no sostenibles.

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