viernes, 23 enero 2026
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La ‘patata caliente’ del suelo no tiene quien la coja

Los cerca de 145.000 millones de euros que las entidades financieras destinaron a financiar la compra de 200 millones de metros cuadrados de suelo hasta el año 2007 siguen siendo un lastre de consideración. Solo el 20% de esa superficie se ha puesto en valor con las 670.000 viviendas iniciadas, 400.000 entre 2008 y 2009 y 270.000 en los últimos cinco años.

Y claro, si no se venden las viviendas existentes en una zona ni tirando los precios, resulta imposible pensar que alguien vaya a comprar suelo allí para acometer nuevas promociones.

Aunque la Sareb, el banco malo, atenuó la exposición inmobiliaria con la adquisición de carteras de crédito y activos a las entidades que habían recibido inyecciones de dinero público, los bancos mantienen en sus balances ingentes cantidades de activos inmobiliarios.

Hasta el pasado 30 de junio, y dejando al margen a Bankia –cuya exposición no resulta equiparable al ser la entidad que más créditos y activos cedió a la Sareb–, los cinco grandes bancos (Santander, BBVA, Caixabank, Popular y Sabadell), mantenían créditos para finalidad inmobiliaria por un importe bruto de 74.000  millones de euros, de los que 18.265 millones se otorgaron para comprar suelo.

Representan, en ambos casos, algo menos de la mitad de los 161.279 millones de créditos inmobiliarios (40.000 millones para suelo) que suma el conjunto del sistema financiero español, según los datos que acaba de publicar el Banco de España.

Visto así pudiera parecer que esos 145.000 millones de créditos en suelo de hace siete años se han amortizado en buena parte por parte de los promotores. Nada más lejos de la realidad.

Unos 27.000 millones fueron adquiridos por Sareb, pagando cerca de 11.000 millones de euros, con un descuento del 60%, y otros 58.000 millones han pasado a ser contabilizados por los bancos como activos adjudicados tras operaciones de dación en pago de deudas o ejecuciones de las garantías crediticias.

De esta manera, la amortización real de aquellos 145.000 millones de crédito para compra de suelo se ha reducido en unos 20.000 millones siete años después.

A partir de aquí, el suelo se ha empezado a mover en los últimos dos años, aunque de manera muy desigual. En este sentido, operadores como la Sareb, los bancos o los fondos de inversión extranjeros se han dado cuenta de que merece la pena aportar algo de liquidez para abordar proyectos que pueden resultar rentables en zonas muy concretas donde ya se está viviendo cierto déficit de viviendas. Para corroborarlo ahí está el interés que está habiendo ante las ofertas de suelo público que están en marcha en zonas céntricas de Madrid.
 

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