Madrid. Tras la Sentencia que ha dictado el Tribunal Superior de Justicia Europeo (Sala Primera) el 14 de marzo de 2013, relativa a la validez de determinadas cláusulas de un contrato de préstamo hipotecario celebrado entre un particular y una entidad bancaria, a la luz de la interpretación de la Directiva 93/13/CEE del Consejo, de 5 de abril de 1993, sobre las cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores, no creemos que ni el lector más ingenuo se cree que con esa sentencia, derrotadas las fuerzas de las entidades bancarias enemigas, las tropas de desahuciados han alcanzado sus últimos objetivos hipotecarios. Y que la guerra de los desahucios haya terminado.
Claro está que eso no es así.
Que el modelo hipotecario español ha quedado “tocado”, es un hecho pues el golpe recibido ha sido contundente y el contrincante (una “melée” Gobierno Español e Inmobanca, contranatura) lo ha acusado. Y que éste – estos– han contestado a su publicación con la débil respuesta que en estos días hemos indicado en otros textos, también. Pero la sentencia no ha sido un K.O. ni siquiera un K.O. técnico, el rival sigue en pie, tiene una pegada considerable y no parece dispuesto a abandonar. Ni debe, creemos nosotros, pues el combate no puede terminar con la derrota de uno y la victoria de otro, sino que debe quedar en unas tablas que satisfagan o insatisfagan a todos los contrincantes –incluidos los prestamistas– , por igual. Nosotros creemos que no hay más salida inteligente que una solución pactada. Nada va a parar la pelea –y esta puede continuar hasta el exceso– si todas las partes no llegan a un acuerdo razonable.
Y ese acuerdo tiene que basarse en cinco cosas:
1 TIEMPO: Una moratoria inmediata, durante un tiempo prudente, que limite el daño constante que la actual bronca de los desahucios produce sin cesar, que proporcione además el tiempo necesario para el estudio de la solución.
2 PERSONAS: que quieran resolver el problema de una forma completa. Ya hemos dicho que “Hay que extirpar el tumor -del tsunami de los desahucios- de nuestra sociedad y no sólo de ayudar a soportar sus consecuencias y que no se trata de paliar el dolor de la Crisis con medidas bienintencionadas, paliativas de algunos males, sino de terminar con el Mal.” Se necesita gente de buena voluntad con ganas de resolver el problema, radicalmente.
3 UNIVERSALIDAD: todos los afectados –incluso los prestamistas- tienen que estar presentes en esas conversaciones que alumbren la solución. Cualquier exclusión hará que la parte excluida “siga dando guerra” tras el anuncio de la solución de parte. Así pues, no es sólo por justicia sino por pragmatismo por lo que todos los afectados deben de estar allí.
4 GENEROSIDAD para entender y aceptar que un problema tan complejo, lleno de tantas aristas cortantes, con tantos “padres putativos”, con tantos y tan encontrados intereses, los participantes deben de negociar una solución razonablemente buena. Y eso pasa casi siempre por que tras el acuerdo final casi nadie quede completamente satisfecho.
5 CORAJE: Y si tras esas cuatro cosas no se llegase, a pesar de todo, a un acuerdo razonable el Gobierno tiene que decidir entonces la mejor solución y aplicarla con contundencia.
Pero ¿Se habría terminado en ese momento el combate o seguirían las escaramuzas?
Pues no lo sé, pero una gran cosa resultaría entonces evidente y es que las partes en desacuerdo, no le podrán reprochar al Gobierno que en el estudio de la solución no se hayan escuchado a todas las voces interesadas, que no se haya tomado el tiempo necesario para estudiar todas sus propuestas y que mientras tanto el mal no haya sido contenido. Toda una enorme diferencia con lo que ocurrirá probablemente si no se sigue por el camino que señalamos.
