domingo, 25 enero 2026
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Si los jóvenes se van y no vienen inmigrantes, ¿quién comprará vivienda?

Madrid. A menos de que los rusos, ahora esquilmados en Chipre, y otros extranjeros, compren a manos llenas una vivienda en España, la demanda consistente, esa que requeriría comprar vivienda, cada vez va a ser menor por múltiples circunstancias.

Primero, porque esa franja de población –pongamos entre 25 y 40 años–, la potencialmente más activa a la hora de comprar su primera vivienda, disminuye de forma alarmante y, además, en muchos casos, empujada por la crisis económica y la falta de perspectivas laborales en España, se está viendo obligada a hacer la maleta y buscar su futuro fuera. Y segundo, también como consecuencia de la crisis, porque ese gran nicho de compradores que formaban los inmigrantes también ha desaparecido.

Una falta de demanda, amplia y solvente,  que entronca directamente con una espiral diabólica, la de que a los precios no les va a quedar otra que seguir bajando –¿hasta dónde? Difícil saberlo. En Japón llevan dos décadas de bajadas tras el estallido de su burbuja– y que el sector de la construcción residencial se verá abocado, por falta de actividad, a quedar reducido a la mínima expresión.

Las grandes constructoras son conscientes de lo que les espera en el futuro, y ya han dado y van a seguir dando pasos para dejar reducidas a la mínima expresión las hasta hace nada megaestructuras empresariales montadas para satisfacer la fuerte demanda de este segmento de la actividad.

Si nos centramos en el tema demográfico, las cifras son realmente pavorosas. En los años previos al inicio del ‘boom inmobiliario’, en España se formaban al año unos 150.000 nuevos hogares, para pasar a la década prodigiosa, cerrada en 2008, cuando esas necesidades crecieron de manera exponencial hasta promediar los 400.000 hogares anuales.

Desde entonces, una vez estallada la burbuja, el número de hogares no deja descender año tras año, y las previsiones pasan porque, al menos hasta 2017, se formarán apenas 60.000 nuevos hogares. Al margen de los vaivenes económicos, lo que no resulta inamovible es que el grueso de población española que ahora tiene entre 15 y 25 años, los que serían compradores en el medio y largo plazo, son un 34% menos de los que tienen ahora entre 25 y 34 años. Sobran comentarios.

Si esta realidad demográfica inamovible la unimos al mercado inmobiliario tenemos que, en los próximos cinco años, no serán más de 350.000 viviendas las que hagan falta. Solamente con el medio millón aproximado de viviendas principales que están pendientes de venta ya sobrarían. Lo que ocurre es que el excedente será mayor toda vez que hasta entonces se habrán construidos otras 450.000 viviendas.
 

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