Grupo Croxley, enfoques Lean del mundo de la industria al sector de la construcción

Madrid. El sector de la construcción necesita un nuevo modelo que aumente la competitividad y permita superar la crisis que está atravesando desde el año 2008, que ha ralentizado el sector y las inversiones en inmuebles. Recientes datos de Eurostat apuntan que el sector ha caído en España un 16,1% interanual, triplicando la media europea. Muchas constructoras  e inmobiliarias se han visto abocadas a la desaparición desde entonces y el ritmo de contratación ha decaído a niveles de hace décadas.

“Muchas constructoras siguen operando de forma semejante a como se hacía en los años 50. Esto es así porque o bien no reúnen el conocimiento, el personal y la inversión en I+D necesaria, por lo que conservan un modelo ineficiente, o bien prefieren explotar un modelo de márgenes indiscriminados y que mantiene al cliente alejado del proyecto. La consecuencia es el aumento del coste y de los plazos”, declara Miguel Castellví, Presidente del Grupo Croxley, empresa pionera en España en el desarrollo y adaptación de enfoques Lean del mundo de la industria al sector de la construcción y que desarrolla desde entonces un modelo propio: el Método Croxley de construcción inteligente. 

Construcción Inteligente, la mejor alternativa

El método de construcción inteligente de Croxley ofrece grandes ventajas respecto al modelo tradicional, aportando soluciones sobre los principales problemas de la construcción tradicional. El objetivo final es construir de la forma más eficiente, eliminando las sorpresas y desajustes desde el inicio del mismo y ofreciendo total transparencia al cliente y a los demás actores implicados, tanto en su diseño como en la ejecución, gracias a procesos como la preconstrucción digital, el alineamiento de objetivos o el equipo integrado de proyecto, parte de la metodología de la constructora.

El resultado es una rebaja del coste del proyecto, con ahorros certificados que varían dependiendo de la naturaleza del proyecto entre el 3,5 y el 10% respecto a al presupuesto inicial en costes directos y, a la vez, garantizar al cliente un coste máximo desde el principio.

“Con frecuencia la improvisación o los desajustes no detectados en el diseño o en el presupuesto hacen que un proyecto termine superando sobradamente el presupuesto inicial, dejando insatisfechos tanto a promotores como a arquitectos. Nuestra constructora gana más cuanto menor es el coste final para el cliente.” añade Castellví.
 

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