Siete puestos de golpe ha escalado España en el ranking que elabora la consultora EY sobre los países que resultan más atractivos para llevar a cabo inversiones inmobiliarias. Al situarse en el selecto top ten de ese ranking, España se ha colocado por delante de países referentes como Francia.
Y lo hace, a pesar de que las incertidumbres que acechan en estos momentos al contexto internacional han reducido el optimismo sobre la evolución de la economía mundial y la confianza en los mercados de capitales.
En este sentido, cabe buscar la razón de ese ascenso en la predilección de los inversores inmobiliarios por España en el continuo crecimiento del volumen de transacciones y en la búsqueda de retornos en plazos largos en activos maduros.
En su análisis, aprecia la consultora cómo, desde el estallido de la burbuja inmobiliaria, en 2007, que propició la mayor crisis económica del país en la democracia, los precios de la vivienda cayeron más de un 40%, con un derrumbe de la frenética actividad constructora y de compraventa.
Y que hoy, tres años después de que la economía recuperase la senda de crecimiento, la actividad inmobiliaria y los precios crecen progresivamente al tiempo que aumentan también a niveles no vistos en casi diez años las constituciones de hipotecas.
No obstante, la mejoría es desigual, muy centrada en grandes ciudades y todavía lejos de algunas zonas rurales o poblaciones en la costa levantina.
Al margen de España, el estudio revela una caída en la expectativa de mejora de la economía global, ya que ahora sólo lo corrobora el 36% de los ejecutivos globales del sector que han sido preguntados y hace seis meses ascendía al 80%.
A nivel global, el porcentaje de ejecutivos que prevé realizar alguna adquisición en los próximos doce meses ha disminuido más de diez puntos en el último año (concretamente del 50% al 37% actual). A pesar de ello, el 48% de los encuestados confiesa que tiene al menos tres operaciones en su pipeline, frente al 57% que así lo aseguraba hace seis meses.
Además, también se pone de manifiesto el hecho de que los ejecutivos que esperan una caída de los precios de los activos en los próximos doce meses se han elevado del 4% al 29% en el último semestre. En la actualidad, sólo el 19% de los ejecutivos prevé un aumento.
