No hay quien pinche la burbuja inmobiliaria china

Madrid. Los gobernantes chinos siguen sin percibir que en su país se esté produciendo una ‘burbuja’ inmobiliaria en toda regla, a pesar de los mil y un datos que lo certifican. Solo una tímida respuesta impositiva, con un gravamen del 20% sobre la compra de una segunda vivienda desde este mes de abril, parece ser la única medida tomada para tratar de frenar la escalada especulativa de un mercado inmobiliario que ha desembocado en ciudades fantasmas llenas de pisos vendidos pero deshabitados.

La locura es total. La clase media china está convencida de que ninguna otra inversión les va a dar tanta rentabilidad, y el globo no para de hincharse. A cada divorcio que se produce le sigue la división de las propiedades, vendidas posteriormente por separado sin impuesto alguno. Y así suma y sigue.

Los desarrollos ‘fantasma’ se suceden, como en la provincia de Zhengzhou, una de las más pobladas, donde se han construido y vendido viviendas en cientos de edificios pero en ellos no vive nadie. Para la población china tiene su lógica. Ya que la inversión en el extranjero para un particular resulta casi imposible, los bancos no ofrecen mucha rentabilidad y el mercado bursátil es inestable, el ‘ladrillo’ se convierte en la mejor alternativa. Todo ello ha provocado que el precio de los pisos se ha triplicado en los últimos años.

Para las autoridades chinas, el fenómeno se ve de manera diferente, como sucedía en España en la primera mitad de la pasada década. Hay más interés en que se siga construyendo que en otra cosa. Argumentan que lo principal es garantizar vivienda para las necesidades básicas, y obvian el posterior negocio que se está produciendo con múltiples compraventas. Además, en este sentido, las estadísticas oficiales maquillan los grandes aumentos que se perciben en el precio del metro cuadrado de vivienda en urbes como Pekín o Shanghai.

Hace un par de años las autoridades intentaron tomar cartas en el asunto, pero las medidas de control, que sí tuvieron su efecto en la contención de la burbuja, también afectó al crecimiento, con lo que tuvieron que levantar la mano. Y las consecuencias no se han hecho esperar. El pasado mes de febrero los precios de viviendas nuevas subieron en 66 de las ciudades más grandes de China. Desde un aumento del 3,4% en Shanghai hasta el 5,9% en Beijing y 8.1% en Guangzhou.

Además de ese impuesto del 20% sobre las ganancias de capital en el mercado de la vivienda, otras medidas requieren que los compradores realicen pagos iniciales más altos, aunque sería contraproducente para los chinos con menores recursos.

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