Valencia busca dar nuevos aires al barrio de La Marina

El nombramiento de Vicent Llorens como director general del consorcio Valencia 2007, con el apoyo de las tres administraciones (central, autonómica y local) se ha convertido en el punto de partida para impulsar el alicaído barrio de La Marina, que quedó un tanto dejado de la mano de Dios tras la celebración hace casi una década de la regata Copa América.

Se refería Llorens en su primer acto como nuevo responsable del consorcio a la existencia de unos mimbres perfectos para convertir la zona en un gran polo de desarrollo, con una lámina de agua de 560.000 metros cuadrados y todo lo que hay en su entorno, los edificios históricos, los docks, el varadero o el edificio Veles e Vents, además de los tres barrios históricos (Cabanyal, Grao y Nazaret) que rodean La Marina.

Bases más que suficientes para evitar que la zona se convierta en un lugar marginal, como estaba empezando a ser, para, dentro de la Estrategia Europea de Crecimiento Inteligente, convertir el mundo de náutica en un gran desarrollo transversal, desde la formación profesional hasta el turismo de cruceros.

Se trata, en definitiva, de aprovechar las sinergias para que La Marina sea un foco de regeneración de todos estos barrios degradados, en los que, además de todo lo relacionado con el mundo de la náutica, se genere un polo de ocio, restauración y entretenimiento, con un espacio urbano que puede acoger espectáculos al aire libre que superen los 70 decibelios.

También se pretende potenciar esta zona de la ciudad como espacio para la creatividad, la cultura y el emprendimiento, incidiendo todavía más en proyectos que ya están en marcha, como EDEM o Lanzadera -el proyecto de innovación y emprendedores auspiciado por Juan Roig, el presidente de Mercadona-, de cara a convertir el ámbito en un espacio privilegiado para desarrollar iniciativas empresariales y profesionales.

Llorens se ha comprometido a presentar de inmediato, en junio o julio, una propuesta estratégica de acción que recoja todas estas iniciativas, además de renovar el planeamiento actualmente vigente.

Todo un compendio de buenas ideas que deberá también ver de qué manera se reestructuran los 450 millones de deuda que arrastra el consorcio. Todo apunta hacia la vía de la condonación, pero habrá que concretarse definitivamente.

Mientras tanto, ya antes de la llegada del nuevo director general, La Marina ha empezado a desperezarse tras años de parálisis permanente. Las concesiones empiezan a fructificar y el espacio portuario arranca paso a paso a golpe de inversiones privadas.

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