Compartir vivienda se ha convertido para muchas personas en una necesidad vinculada a las dificultades de acceso residencial. Kalart, un proyecto de coliving rural en el valle del Montseny, plantea qué condiciones permiten transformar esa convivencia en una comunidad. Desde 2019 ha acogido a más de 300 personas de 39 nacionalidades, combinando residentes de larga estancia y colivers temporales.
La experiencia de Kalart señala que la comunidad en un coliving rural necesita privacidad, participación, reciprocidad y gestión de las dinámicas del grupo. El 73 % de los colivers prolonga su estancia inicialmente prevista y los residentes de larga duración permanecen una media de 1,7 años. Además, el 16 % de quienes han pasado por el proyecto acaba instalándose en el valle.
Estos aprendizajes sustentan Kalart Seeds, una iniciativa dirigida a personas interesadas en crear y liderar nuevas comunidades rurales mediante una inmersión de cuatro semanas. El programa busca compartir experiencias para que cada proyecto desarrolle su propia identidad. La propuesta conecta con el crecimiento del teletrabajo, las dificultades de acceso a la vivienda y la búsqueda de fórmulas para atraer y retener población rural.
Datos relevantes
- El 73% de los colivers prolonga su estancia inicialmente prevista, mientras que los residentes de larga estancia permanecen una media de 1,7 años.
- Pero hay otro dato especialmente significativo: el 16% de las personas que han pasado por Kalart acaba instalándose en el valle, ya sea alquilando o comprando una vivienda, tanto en el formato tradicional como en modelos de covivienda.
- En este último aspecto, más de la mitad de los residentes participa en la vida local, ya sea a través de asociaciones, actividades culturales, proyectos agrícolas o servicios del entorno.
- A través de un programa de inmersión de cuatro semanas, Seeds se dirige especialmente a founders, co-founders, Community Builders y directores residentes.
- La convocatoria de Kalart Seeds sigue abierta para las personas interesadas en impulsar o liderar nuevos proyectos de comunidad rural.
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MiniFAQs
¿Qué necesita una vivienda compartida para convertirse en comunidad?
Según la experiencia de Kalart, compartir metros cuadrados requiere un equilibrio entre privacidad y espacios comunes, reciprocidad, participación y personas que cuiden las dinámicas del grupo. También resulta necesario aprender a gestionar los conflictos y mantener una relación activa con el territorio. El proyecto considera que la convivencia puede aprenderse y facilitarse para generar vínculos duraderos.
¿Qué propone Kalart Seeds?
Kalart Seeds es una iniciativa que comparte los aprendizajes acumulados por el proyecto con personas interesadas en crear y liderar comunidades rurales. Se articula mediante una inmersión de cuatro semanas dirigida especialmente a fundadores, cofundadores, responsables de comunidad y directores residentes. Su objetivo es que cada nueva iniciativa desarrolle una identidad propia y se adapte a su contexto territorial.
Compartir techo puede generar comunidad cuando la convivencia se cuida y se conecta con el territorio.
Del piso compartido a la comunidad: Kalart analiza si sabemos realmente convivir
Compartir vivienda se ha convertido para muchas personas en una necesidad antes que en una elección. En España, solo el 14,5% de los jóvenes está emancipado, la edad media de emancipación alcanza los 30,2 años y alquilar una vivienda en solitario equivaldría al 98,7% del salario de una persona joven, según el Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España.
Sin embargo, mientras el debate sobre el acceso a la vivienda se centra en los precios y la oferta, hay una cuestión que a menudo queda en un segundo plano. Si tomamos como referencia el modelo escandinavo, surge una pregunta: si cada vez vamos a compartir más espacios, ¿sabemos realmente convivir?
Esta es la cuestión que plantea Kalart, un proyecto de coliving rural situado en el valle del Montseny que, desde 2019, ha acogido a más de 300 personas de 39 nacionalidades y ha desarrollado un modelo que combina residentes de larga estancia y colivers temporales, a menudo conocidos como nómadas digitales.
«Durante años hemos entendido compartir vivienda como una solución cuando no podíamos permitirnos vivir solos. Hoy estamos viendo que puede ser algo mucho más interesante: una elección consciente sobre cómo queremos vivir, relacionarnos y trabajar», explica Nohemí González, cofundadora de Kalart.
La experiencia del proyecto apunta a que la convivencia necesita mucho más que compartir metros cuadrados. El 73% de los colivers prolonga su estancia inicialmente prevista, mientras que los residentes de larga estancia permanecen una media de 1,7 años. Pero hay otro dato especialmente significativo: el 16% de las personas que han pasado por Kalart acaba instalándose en el valle, ya sea alquilando o comprando una vivienda, tanto en el formato tradicional como en modelos de covivienda.
Para Roger Riera, el otro cofundador de Kalart, este dato refleja cómo una experiencia de convivencia puede llegar a generar vínculos duraderos con el territorio.
«La comunidad no termina en la puerta de casa. No surge simplemente porque pongamos a varias personas bajo un mismo techo: necesita privacidad, participación, reciprocidad y personas que cuiden de sus dinámicas. Convivir también se puede aprender y facilitar», señala Riera.
¿Qué necesita una comunidad para funcionar?
A partir de su experiencia, Kalart identifica algunos elementos esenciales para que estos modelos funcionen: mantener un equilibrio entre la privacidad y los espacios compartidos, fomentar la reciprocidad frente a una convivencia basada únicamente en la compañía, contar con personas capaces de cuidar las dinámicas del grupo, aprender a gestionar los conflictos y mantener una relación activa con el territorio.
En este último aspecto, más de la mitad de los residentes participa en la vida local, ya sea a través de asociaciones, actividades culturales, proyectos agrícolas o servicios del entorno.
El crecimiento del teletrabajo, la soledad asociada a determinadas formas de trabajo y las dificultades de acceso a la vivienda están impulsando nuevas formas de convivencia, mientras que las zonas rurales buscan fórmulas para atraer y retener población.
Para Kalart, el reto no consiste únicamente en crear espacios donde vivir, sino en diseñar las condiciones que permitan que las personas quieran formar parte de una comunidad y, en algunos casos, de un territorio.
Kalart Seeds: trasladar la experiencia a nuevas comunidades
Esta experiencia es ahora la base de Kalart Seeds, una iniciativa creada para compartir los aprendizajes acumulados por Kalart con personas interesadas en crear y liderar nuevas comunidades rurales.
A través de un programa de inmersión de cuatro semanas, Seeds se dirige especialmente a founders, co-founders, Community Builders y directores residentes. El objetivo no es replicar Kalart, sino compartir qué ha funcionado —y qué no— para que cada nuevo proyecto pueda desarrollar su propia identidad y adaptarse a su contexto.
«Estamos viendo que la convivencia en comunidad se puede diseñar, facilitar y profesionalizar. No queremos crear copias de Kalart, sino ayudar a que nazcan nuevas comunidades conectadas con las personas y con el territorio», concluye Riera.
