¿Brotes verdes o yerbas psicotrópicas en el sector inmobiliario?

Madrid. Acabo de abrir  una de las revistas inmobiliarias que recibimos en la redacción de Inmodiario  y su portada es la causante de estas líneas.
 
La portada es buena y trasmite con eficacia su mensaje. Se trata de una foto cenital de un  semillero en las que en todos sus numerosos cubitos contienen unas plantitas cuyas leves hojas son de un verde esmeralda espléndido que destaca sobre el fondo oscuro de la tierra. Estupenda portada en suma, sólo que su mensaje inmobiliario evidente, la abundancia de brotes verdes, no se corresponde con la realidad actual.
 
Véase las noticias que al mismo tiempo del recibo de la revista se estaban publicando en otros medios:

 La crisis acaba con 153.000 empresas en la construcción. (Expansión)
 UBS cree que la crisis irá a peor pero no habrá rescate para España. (Expansión)
 Los españoles también dan la espalda al sector inmobiliario internacional (El Mundo)
 Cinco razones para no comprar vivienda en 2011 y esperar a 2012.  (Invertia)
 El boomerang de la crisis inmobiliaria ya está aquí. (Idealista)
 El mercado inmobiliario de EEUU continúa en niveles nunca vistos desde la Gran Depresión (La Información)
 La caída del sector inmobiliario se acelera. (El País.)

Y muchas otras más que podrían aportarse en este sentido. Claro está que, en lugar de las seleccionadas, otras tantas noticias -esta vez favorables- podrían haberse elegido presentando así aspectos más “positivos” del mercado inmobiliario actual, pero el hecho es que, salvo excepciones, las expectativas de los expertos sobre este año 2011 no son precisamente la que sugiere la visión de los brotes verdes. 

La visión positiva y optimista del sector en este año, que algunos sostienen con la fe de los Cruzados, se apoya en estados de conciencia absolutamente inadecuados para dar respuesta eficiente a la situación caótica que estamos padeciendo, pues enmascara la cruda realidad con una espesa capa de empalagoso dulce.

La realidad así adulterada parece más fácil de tragar, se vende mejor, goza de buena prensa y permite desarrollar negocios basados en esa falsa percepción, pero tras el paladar viene el estómago y la digestión de las percepciones adulteradas si bien puede llevarnos a mundos más agradables -tanto más cuanto más alejados se hallen de la dura realidad- también puede  echarnos fuera de la carretera.

 

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