Parece claro que las divergencias entre lo que piensan el Ayuntamiento de Madrid, por un parte, y el BBVA, como principal promotor, por otra, acerca de la Operación Chamartín -ahora redenominada como Distrito Castellana Norte- resultan más que evidentes.
La nueva alcaldesa, Manuela Carmena, y su nuevo concejal de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, lo vienen reiterando cada vez que tienen ocasión, antes y después de acceder a la alcaldía. No se trata de hacer por hacer casi 18.000 viviendas. Si no son necesarias, no se hacen y punto.
En el otro lado, al presidente del BBVA, Francisco González, durante una intervención en la jornada inaugural del curso ‘El nuevo modelo económico. Lecciones de la crisis’, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), se le veía molesto con este asunto, llegando a criticar a Carmena del retraso de este proyecto por su falta de gestión pública, cuando el tema lleva dos décadas varado y la nueva edil lleva un día trabajando en el consistorio.
Pero más pronto que tarde, ambos se tendrán que ver las caras. Será entonces cuando podamos comprobar en qué queda este culebrón urbanístico. Si se va al carajo definitivamente como dejan entrever los nuevos responsables municipales, o si estos compran el producto del BBVA, en base a los buenos beneficios que se van a obtener a todos los niveles.
El lenguaje divergente que ambos manejan se aprecia en los últimos comentarios vertidos al respecto. «No hacen falta ahora esas viviendas en Madrid, cuando hay viviendas vacías. A lo mejor hay que darle una configuración distinta», apuntaba Carmena, más partidaria de mejorar y rehabilitar y no seguir construyendo. Replicaba el presidente del BBVA, al que le da igual si son o no necesarias más viviendas, que lo importante de este desarrollo son los miles de millones de euros que se van a obtener.
El problema del BBVA y de la constructora San José, su socio en este proyecto, es que no sabe a qué carta atenerse ahora. De haber seguido el PP al frente del Ayuntamiento de Madrid todo hubiera ido sobre ruedas. Se hubieran contestado las cerca de 2.000 alegaciones al plan parcial, y, a renglón seguido, se hubiera finalizado la tramitación del procedimiento. Los promotores hubieran pagado los casi 1.000 millones de euros a Adif por los terrenos, y ya no hubiera habido problema alguno para iniciar la urbanización de los terrenos. Pero, ahora, la cosa se antoja más que complicada.
Si el Ayuntamiento de Madrid opta por obligar al BBVA a modificar el proyecto, habrá que ver en qué términos los hace, y si el banco está dispuesto a asumirlos.
Parece claro que las divergencias entre lo que piensan el Ayuntamiento de Madrid, por un parte, y el BBVA, como principal promotor, por otra, acerca de la Operación Chamartín -ahora redenominada como Distrito Castellana Norte- resultan más que evidentes.
La nueva alcaldesa, Manuela Carmena, y su nuevo concejal de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, lo vienen reiterando cada vez que tienen ocasión, antes y después de acceder a la alcaldía. No se trata de hacer por hacer casi 18.000 viviendas. Si no son necesarias, no se hacen y punto.
En el otro lado, al presidente del BBVA, Francisco González, durante una intervención en la jornada inaugural del curso ‘El nuevo modelo económico. Lecciones de la crisis’, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), se le veía molesto con este asunto, llegando a criticar a Carmena del retraso de este proyecto por su falta de gestión pública, cuando el tema lleva dos décadas varado y la nueva edil lleva un día trabajando en el consistorio.
Pero más pronto que tarde, ambos se tendrán que ver las caras. Será entonces cuando podamos comprobar en qué queda este culebrón urbanístico. Si se va al carajo definitivamente como dejan entrever los nuevos responsables municipales, o si estos compran el producto del BBVA, en base a los buenos beneficios que se van a obtener a todos los niveles.
El lenguaje divergente que ambos manejan se aprecia en los últimos comentarios vertidos al respecto. «No hacen falta ahora esas viviendas en Madrid, cuando hay viviendas vacías. A lo mejor hay que darle una configuración distinta», apuntaba Carmena, más partidaria de mejorar y rehabilitar y no seguir construyendo. Replicaba el presidente del BBVA, al que le da igual si son o no necesarias más viviendas, que lo importante de este desarrollo son los miles de millones de euros que se van a obtener.
El problema del BBVA y de la constructora San José, su socio en este proyecto, es que no sabe a qué carta atenerse ahora. De haber seguido el PP al frente del Ayuntamiento de Madrid todo hubiera ido sobre ruedas. Se hubieran contestado las cerca de 2.000 alegaciones al plan parcial, y, a renglón seguido, se hubiera finalizado la tramitación del procedimiento. Los promotores hubieran pagado los casi 1.000 millones de euros a Adif por los terrenos, y ya no hubiera habido problema alguno para iniciar la urbanización de los terrenos. Pero, ahora, la cosa se antoja más que complicada.
Si el Ayuntamiento de Madrid opta por obligar al BBVA a modificar el proyecto, habrá que ver en qué términos los hace, y si el banco está dispuesto a asumirlos.
