Después de décadas de idas y venidas, Málaga ha presentado el avance del plan especial para la reordenación de su centro urbano. Un plan que busca luchar por el centro, a través del planeamiento y la planificación urbana, y mediante el desarrollo de su gestión y la aplicación de medidas para su ejecución, en aras de conseguir mejoras para el lugar y los ciudadanos que se constituyen como sus usuarios, detectando los problemas que confluyen en el ámbito, diagnosticando las causas que los producen y adoptando soluciones para remediarlos.
Y dentro del centro, como objetivo de especial atención, las personas del centro. ¿Qué personas? Residentes, trabajadores, visitantes. La actividad humana debe convertirse en el epicentro de todas las actuaciones a plantear, no debiendo perderse en ningún momento de los procesos la perspectiva desde tal punto de observación y con tal finalidad.
La forma urbana y sus elementos singulares deben estar al servicio de las personas, proyectarse las intervenciones siempre pensando que han de basarse en lograr un medio óptimo para el desarrollo de las actividades humanas. Las infraestructuras deben permitir a las personas la adecuada facilidad en sus movimientos, así como procurar la mejor dotación de servicios para generar un medio urbano agradable a la residencia, al trabajo y al esparcimiento.
Desde la visión del Centro como barrio inserto en un entorno mayor, la ciudad y el territorio, las palabras clave son: Integración y Reequilibrio. Así, los objetivos básicos en este nivel pasan por Integrar la trama histórica con los elementos naturales del territorio y las grandes piezas urbanas (Eje Alameda-Parque-Paseo de Reding, Frontera Puerto-Ciudad), optimizando a su vez las relaciones de continuidad del centro con su entorno (Trinidad-Perchel, Malagueta, arrabales norte, Capuchinos, …).
En cuanto a la movilidad urbana, diferenciar y asignar los espacios para los distintos estratos detráficos, y reequilibrar el transporte colectivo en las áreas perimetrales, dando a la par respuesta adecuada al estacionamiento.
Desde la visión del Centro como una estructura conjunta, se ha visto preciso, no obstante, considerar zonas homogéneas por barrios, reforzando las articulaciones entre ellos con mecanismos de equilibrio y cohesión física y social, y generando áreas homogéneas de dinamismo que permitan recuperar las características distintivas y los valores específicos de los barrios, incorporando las nuevas oportunidades surgidas en la actualidad y promoviendo la implantación, en ámbitos deteriorados, de actividades económicas dinamizadoras.
En el mismo sentido, se ha visto necesario caracterizar el espacio público y sus interrelaciones, proponiendo la ejecución de intervenciones estructurales de equilibrio entre la almendra central y los arrabales, en conjunción con la implantación de nuevos usos cualificadores (equipamientos multifuncionales y multigeneracionales), con distribución desde un punto de vista cualitativo, y no meramente cuantitativo, mediante procesos participativos, que no funcionen de forma aislada e independiente, sino alineados hacia un mismo fin (red de equipamientos).
En el ámbito patrimonial, ampliar a la zona de los Arrabales los logros obtenidos en la recuperación y puesta en valor de los entornos singulares del Centro Histórico, detectando y significando ámbitos de interés patrimonial, material o inmaterial, que sean susceptibles de potenciar y revalorizar.
