En Valencia han aprendido poco de la crisis del ladrillo

En Valencia siguen con la misma dinámica urbanística que les ha llevado a donde están, edificabilidad y más edificabilidad sin tener en cuenta la viabilidad de los proyectos. Y, además, con el cuento de la lechera por bandera.

Viene a cuento esta apreciación por un asunto que quedó empantanado al sobrevenir la crisis económica, como era y es la reconversión del estadio de Mestalla, el estadio del Valencia, en una urbanización residencial a base de torres bien altas.

En un principio, pasaron por allí Nozar –cuando la familia Nozaleda todavía funcionaba antes de verse abocado al concurso de acreedores por insolvencia manifiesta– y otros promotores de los que nunca más se supo.

Pues bien, ahora de nuevo, el Ayuntamiento de Valencia ha vuelto a echar números sobre un proyecto que sigue y seguirá embarrancado mientras que no llegue alguien y le ponga a Bankia los 300 millones que se le adeudan. Y lo hace pidiendo a la Generalitat Valenciana que en lugar de un máximo de 16 plantas, como hasta ahora estaba previsto en el planeamiento, se puede llegar hasta las 22.

Decía ayer la alcaldesa, Rita Barberá, que no sabía nada de petición, a pesar de que hace cuatro días la junta de gobierno local había dado el visto bueno a las modificaciones, con aprobación de la versión inicial de la Actuación Territorial Estratégica Valencia Dinamiza, donde se contempla ese incremento de plantas en las futuras torres de Mestalla.

El tema, en números, contempla un incremento de la edificabilidad de uso residencial de 5.454 metros cuadrados, que se uniría a los casi 76.000 metros ya previstos. O sea, unos 81.500 metros cuadrados para construir unas 1.000 viviendas en los terrenos que todavía ocupa el estadio del club ché.

El Valencia y el Ayuntamiento de Valencia alcanzaron un acuerdo por el que el solar de la avenida de las Cortes Valencianas pasaba de uso deportivo público a privado. Se hicieron entonces tres tasaciones para que el Valencia compensase a la ciudad por este solar.

La Universidad Politécnica estimó su valor en 33 millones de euros, y otros dos informes privados elevaron esta cantidad hasta los 43 y 45 millones de euros, respectivamente. Las partes acordaron que el valor más ajustado era el de 45 millones. A cambio, el club entregaría 19 parcelas dispersas por la ciudad de Valencia -valoradas en 28 millones de euros- y otros 17 millones de euros en metálico.

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