lunes, 22 abril 2024
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Embargos Herrados (errados con H de herradura)

Hace dos años y medio publicamos en este medio nuestro artículo titulado: Cuidado cuando esta noche vuelva a su vivienda, ¡ésta puede haber desaparecido! En él anotábamos diferentes hechos insólitos que tenían en común el que se desarrollaban sobre inmuebles y que las desgracias que sobre ellos habían caído eran debidas al error humano.

Y así le hablaba del contratista  de Pittsburg (USA) que demolió por orden judicial una casa… que no debía haber derribado pues la orden recibida no era para la casa demolida sino para la contigua; o de la unidad especial del ejército sueco, K2,  que había comprado una casa para hacer con ella prácticas de demolición con explosivos y que sí, que así lo hicieron… sólo que en otra casa distinta y próxima a la comprada; o de los contratistas de Georgia (USA) que demolieron  por error de localización geográfica de su G.P.S., una vivienda distinta a la que tenían encargada; o de la viejecita brasileña que había sido amenazaba con la demolición de su casa, sencillamente porque la que debían derribar, el equipo de demolición no la encontraba. Y concluía el artículo diciéndole que “el contratista de Pittsburg, el comando K2 del ejército sueco, la empresa del GPS y la pobrecita a la que se llevaron su casa por estar al frente de la realmente culpable,  tienen toda mi comprensión.” 

Pero no era una comprensión debida a la solidaridad con los perjudicados, sino porque esas noticias me habían hecho recordar un caso muy similar en el que yo anduve cerca. Caso que le explico en el artículo señalado.

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Tanto entonces como ahora,  me avergüenza decir que en un primer momento me dio la risa al leer las noticias. Y si lo he recordado es porque una historia parecida  ha sido noticia hoy: “Un banco se equivoca de casa en un desahucio y tira por error todos sus muebles.” La noticia la escribe Roberto Pérez desde Zaragoza. Léala para conocer sus detalles, pero el chusco suceso es que el equipo de lumbreras encargados del desahucio, se equivoca de casa, retira todo el mobiliario y enseres de la misma… y los tira al vertedero. Cuando regresan  los inocentes propietarios se encuentran con su casa cerrada con otra llave… y vacía.

Léalo, léalo, y si le da la risa, no se preocupe, será un pecado muy venial. No así, la barbarie del hecho, que no puede ser justificado. Un desahucio, aunque para los que lo solicitan, decretan, realizan y permiten, puede ser un detalle molesto en su trabajo,  para los desahuciados -y no importa que como los de este caso sean ajenos al mismo- no; para ellos, es su vida o fragmentos de la misma lo que padece. En este caso todo lo que tenían en casa ha desaparecido porque unos zoquetes se equivocaron de dirección y que, ante la duda,  en vez de asegurarse, decidieron tirar para adelante pues era lo más fácil.

Supongo que los indemnizarán para que puedan reponer los enseres, ropas, mobiliario, electrodomésticos, cuadros, herramientas, etc., tirados al vertedero, pues, hasta en esto han sido brutos ¿No había ninguna organización de caridad a los que enviarlos, ningún almacén donde guardarlos hasta que aparecieran los propietarios?  ¿Y qué pasa con los objetos no estándar, nos referimos a aquellos que constituían los recuerdos de los propietarios asaltados? Eso ya no puede ser sustituido. ¿Cómo se repara ese daño? Y todo, le repito, porque unos zoquetes no buscaron bien la dirección de la casa que iban a embargar. ¡Que Nyarlathotep,  el Caos reptante, se los lleve al Averno!

Y a los propietarios asaltados, mi deseo más firme de que ganen el juicio.

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