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Acostúmbrense a no enterarse de nada de lo que pase en Metrovacesa

Madrid. El pasado 23 de mayo la inmobiliaria Metrovacesa quedaba excluida de cotización bursátil. Una operación, efectuada por los bancos accionistas, BBVA, Santander, Popular y Sabadell, que ponía fin a seis décadas de andadura en los mercados, y permitía introducir a la promotora en la más absoluta opacidad. Los bancos ya no tendrán que dar puntual información de la gestión diaria. Ni hechos relevantes, ni información periódica trimestral, ni nada de nada.

Dicho y hecho. Ni una semana ha tardado en producirse la primera operación de calado. La confirmada por Belén Romana, presidenta de la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), durante la primera junta de accionistas que celebra el banco malo.

Se trata de la venta de una participación en un préstamo sindicado que tenía Sareb en la inmobiliaria, realizado en el mercado secundario. El único dato facilitado, el del precio, por un valor de 35 millones de euros, pero no a quién ni de quien provenía la participación, aunque todo hace suponer que se trata de uno de los activos transferidos por Bankia.

Lo que los bancos han buscado con la exclusión de Metrovacesa de los mercados es ahorrar los costes que supone para una empresa estar cotizando y evitar la penalización del mercado sobre las empresas del sector inmobiliario. Gastos excesivos e innecesarios para un valor que cuenta con un mínimo porcentaje de free float y, por tanto, con escaso volumen de negociación.

Esa es la razón oficial. Detrás están los intereses de cada uno de los accionistas y las dudas sobre la futura presencia de Bankia en el accionariado tras la necesaria desinversión en activos no estratégicos –y este es uno de ellos– que debe acometer para cumplir con los requerimientos que lleva aparejados la ayuda financiera recibida.

Y sobre todo, a la vista de la fuerte prima pagada por cada acción, la vía que se abre para que se puedan transmitir, cuanto antes, activos y créditos de Metrovacesa a la Sareb. De esta manera, los bancos accionistas sacarían de sus balances los préstamos que tienen concedidos a la inmobiliaria y los endosarían al banco malo. Todo a cambio de una minucia, la de abonar 100 millones de euros por ese 4% que todavía cotizaba en Bolsa.

Todo un tinglado para el que mejor no contar con la luz que supone tener que rendir cuentas permanentes a la CNMV. Si una empresa cotiza en Bolsa es necesario que todo pase por la junta de accionistas y comunicar todos los cambios que se registren. Si no lo hace, todo resulta mucho más sencillo. Se ahorra tiempo, todo se acelera y, además, nadie se entera.

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