Madrid. El ‘presupuesto de sacrificio’ al que suele aludir la ministra de Fomento, Ana Pastor, cuando habla con los constructores, no parece haber convencido, ni mucho menos, a éstos. Todo lo contrario, y cada vez que tienen ocasión proclaman sus reparos a los cuatro vientos. Con estas cuentas no vamos a ningún lado, aseguran.
Se refieren, por ejemplo, a los apenas 1.100 millones destinados a construir nuevos tramos de carreteras o los algo más de 800 para conservación de las existentes, que tampoco son reales, pues sobre ellos hay que restar los 200 millones que Fomento articula para préstamos para autopistas en riesgo de quiebra y los 99 millones con los que se compensará a las concesionarias que hace unos años bajaron los peajes.
Entienden los constructores que recortes debe haber ante la situación que vive el país, pero no los plazos tan cortos en los que se están produciendo. Lo que no puede ser es que los recortes en inversión pública que, por ejemplo, Alemania ha llevado a cabo de forma progresiva en cincuenta años, se tengan que hacer en España en cinco, como comentaba, con cierta indignación, el vicepresidente de la Seopan, Julián Núñez, durante su intervención en el reciente Congreso Nacional de Directivos, organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD).
El foro también sirvió para poner sobre la mesa aspectos cruciales como el del empleo y la financiación. En relación al empleo, y ante las cada vez más altas tasas de desempleo, los constructores volvieron a poner sobre la mesa sus cuentas de siempre, que por cada millón de euros en obra pública se crean 18 puestos de trabajo durante la construcción.
El problema es saber si es o no necesario construir esa obra. Ellos, lógicamente dicen que sí, que solo el 0,2% de las obras llevadas a cabo en los últimos veinte años fueron equivocadas. Pero, la realidad resulta muy diferente. No hay más que ver esas autovías de peaje sin coches o esos aeropuertos cerrados a cal y canto.
Sobre otro tema crucial, como es el de la financiación, se plantea echar mano de una práctica que está dando resultados en Estados Unidos, como son los préstamos concedidos por el propio Gobierno federal, cuyos 6.200 millones de dólares otorgados han posibilitado la entrada en carga de trabajo de obras por un montante cercano a los 25.000 millones de dólares.
