Antonio Béjar, el hombre que, a principios de 2015, el BBVA puso al frente de la sociedad Distrito Castellana Norte Madrid (DCNM) para dirigir lo que, entonces se suponía, iba a ser el inicio definitivo de la operación Chamartín, no sale de su asombro ante el ninguneo que percibe en el Ayuntamiento, que ni reniega definitivamente del proyecto que hay sobre la mesa, ni tampoco parece tener la menor intención de aprobarlo.
Ni la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ni el concejal de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo, se avienen a dar explicación alguna de cuáles son sus intenciones en relación al plan. El desencuentro resulta evidente. Hace un par de meses, los responsables de DCNM remitieron, a través del registro del Ayuntamiento, varias preguntas, y han dado la callada por respuesta.
Se trataba de cuestiones relativas al alcance jurídico que podrían tener las conclusiones que se extraigan de las mesas asamblearia que ha promovido el Ayuntamiento de Madrid, de cara a conocer si los vecinos de los vecinos de los barrios aledaños al ámbito están o no de acuerdo con el proyecto planteado.
Ni siquiera una nueva convocatoria de elecciones generales pondría dificultades para aprobar el plan parcial, ya que solo depende del Ayuntamiento. De que lo lleven al pleno y lo aprueben. Otra cosa sería que dieran marcha atrás.
Si se planteara otro proyecto, habría que contar de nuevo con Fomento. En ese caso, sí que el proyecto quedaría ya definitivamente cancelado. No haría falta llegar a la fecha límite del próximo 31 de diciembre, pactada contractualmente entre ADIF y Distrito Castellana Norte -la sociedad participada mayoritariamente por el BBVA y en las que también interviene el grupo constructor gallego San José- para dar carpetazo definitivo al proyecto, caso de que, para entonces, el Ayuntamiento no lo hubiera aprobado.
Ante esta situación, los responsables de Distrito Castellana Norte han empezado a mover los hilos para tratar de que el equipo de Carmena cambie de postura, en una estrategia similar a la llevada a cabo por Wanda en el Edificio España.
En esa línea se montaba esta semana, ex profeso, un Foro de Urbanismo Sostenible para que arquitectos, promotores y consultores inmobiliarios respaldaran las mil y una bondades de un proyecto que, según Béjar, cuenta con el respaldo masivo del 80% de los madrileños.
Entre las novedades presentadas, que la operación Chamartín, tal y como está planteada, tendría seis grandes rascacielos. Cinco de una altura similar a la que tienen las cuatro torres levantadas sobre la antigua ciudad deportiva del Real Madrid, y una quinta de más de 300 metros de altura, que sería la más alta de Europa.