miércoles, 5 octubre 2022
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Minimizar el riesgo de incendio en edificios industriales

Los incendios en instalaciones industriales son cada vez más frecuentes. Prácticamente a diario podemos encontrar informaciones sobre accidentes industriales donde se ha desencadenado un incendio. Según datos de la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (UNESPA), aproximadamente cada hora se produce en España un incendio en un edificio o nave industrial. En 2018 se produjeron 7.500 incendios en industrias, con una repercusión económica de 500.000 euros de media diaria para el sector asegurador: el 25,6% del total las indemnizaciones.

La tendencia no ha disminuido desde entonces, sino que, por el contrario, ha ido en aumento. El número de accidentes industriales creció un 8% en el primer semestre de 2019. En 2020, la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (TECNIFUEGO) alertó sobre el aumento de grandes incendios en industrias tras finalizar el estado de alarma.

Parece oportuno, por tanto, actualizar las exigencias en lo que a seguridad contra incendios se refiere en este tipo de construcciones, apostando por la incorporación de materiales incombustibles en las envolventes. Más aun teniendo en cuenta, por ejemplo, el imparable aumento de la actividad inmobiliaria dedicada a la logística al hilo del crecimiento de las ventas online y la proliferación de instalaciones de paneles fotovoltaicos en las cubiertas de edificios industriales, que pueden aumentar el riesgo de accidentes que desemboquen en incendio.

Subestimar las medidas de seguridad puede tener consecuencias devastadoras en entornos caracterizados por las altas temperaturas de trabajo, la presencia de equipamientos eléctricos, de gases y líquidos inflamables o de maquinaria y vehículos con riesgo de sobrecalentamiento. En el recuerdo de todos está el terrible incendio que en 11 días convirtió en cenizas la fábrica de Campofrío en Burgos en 2014 y necesitó dos años para reconstruirse.

Los peligros son numerosos y acechan en cualquier momento: las chispas que se proyectan al soldar, un cable pelado o sobrecargado, combustible o polvo que se inflama… Ya se trate de una fábrica química o metalúrgica o de una nave de almacenaje de muebles, cualquiera de estos riesgos puede estar presente. La versatilidad de actividades o de materiales utilizados hacen necesario prestar especial atención a este tipo de infraestructuras. Diferentes lugares y desempeños que requieren igualmente de un sistema de gestión de riesgos efectivo donde no debería faltar la presencia de elementos aislantes ignífugos en sus estructuras.

Otro riesgo que hay que tener en cuenta es la falta de mantenimiento de los equipos de detección y extinción, ya que en la realidad no todas las empresas cumplen rigurosamente con las inspecciones. Asimismo, y lamentablemente, existe un número no desdeñable de incendios en negocios abandonados y ocupados que suponen un riesgo en la propia nave y en las aledañas.

Atendiendo a los informes de las aseguradoras, el 42% de los incendios se originaron en la superficie exterior de la fachada. En el 32% de los que se produjeron desde el interior, la fachada fue lo primero en entrar en combustión y, en el 26% fue el elemento que más contribuyó al posterior desarrollo del incendio. En la mayoría de estos casos, el fuego se extendió a otras naves a través de las cubiertas. En el resto, a través de las paredes.

El Real Decreto 2267/2004, del 3 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento de Seguridad Contra Incendios en los Establecimientos Industriales (RSCIEI), se basa en la carga de fuego aportada por los materiales presentes dentro del edificio, obviando el riesgo de propagación a través de los materiales de la fachada y de la cubierta, tal y como señala el informe ‘Riesgo de incendio en naves logísticas ¿Nos protege la normativa actual?’, realizado por la Asociación de Profesionales de Ingeniería de Protección Contra incendios (APICI) en colaboración con Ciencias de la Seguridad de la Universidad de Salamanca (CISE).

Este informe señala que el uso de materiales combustibles (como espumas plásticas), comparados con la lana mineral, “ofrece mayor facilidad de ignición, un aumento de la velocidad de propagación del incendio, generación de humos y un considerable incremento de la carga de fuego (entre 7 y 9 veces superior), sin olvidar la toxicidad de sus humos. Algo lógico, al tratarse de materiales derivados del petróleo. Los autores señalan que “este peligro deber ser reconocido y tenido en cuenta por todos los intervinientes en el proceso constructivo, incluyendo legisladores y autoridades de control”.

Por otro lado, el uso en cubiertas y fachadas de aislamientos combustibles implica implementar medidas de protección activa frente al fuego adicionales, además de un aumento en la prima de riesgo, lo que hace más rentables todavía a las envolventes no combustibles.

Por todo lo expuesto, apremia que los legisladores lleven a cabo un cambio normativo que minimice los riesgos de incendio en la industria. Mientras tanto, es necesario que todos los agentes implicados en la seguridad de las construcciones industriales, como proyectistas (ingenieros, arquitectos), promotores, constructores, instaladores y clientes conozcan los riesgos potenciales de los materiales involucrados y tomen decisiones informadas. La sociedad, en su conjunto, debe tomar conciencia de que el objetivo de minimizar el riesgo de incendio en edificios industriales pasa por incorporar materiales incombustibles a las envolventes de edificios industriales, algo que continúa siendo un reto para el sector de la protección contra incendios.

Por Mónica Herranz, secretaria general de AFELMA

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