martes, 25 junio 2024

El pagafantas

Las pantallas de cine exhiben estos días la comedia ‘El Pagafantas’, primer largometraje del director Borja Cobeaga que narra los desvelos de un joven enamorado en pos de su amada. Ella se deja querer, manteniendo al ingenuo muchacho pendiente de ella todo el día. Él escucha sus problemas, la acompaña donde haga falta, hace recados sin fin para contentarla, y por supuesto paga. Paga las fantas y lo que haga falta. Cualquier capricho es poco cuando se trata de conquistar el corazón de su amada. El pagafantas no conoce el desaliento, es optimista y decidido a lograr su objetivo. Dedica todo su tiempo y energía al utópico proyecto de conquista y seducción. Pero la joven lo tiene claro desde el principio. El pagafantas está para lo que está y así deben seguir las cosas. A ella le gusta otro chico. Pero no quiere perder las comodidades que le brinda la amistad del pardillo. Y así, concede al ingenuo Don Juan de forma esporádica alguna propinilla sentimental, pero al tiempo dejando claro que le quiere como amigo. Y para rubricar el acuerdo le otorga un cariñoso abrazo del Koala, frustración máxima de un pretendiente. Pero ella sabe que un pagafantas nunca abandona.

En España cuarenta y seis millones de ciudadanos reciben al nuevo día cada mañana. Veintiocho de ellos saben que de una u otra forma sus ingresos van a provenir del trabajo y los impuestos que realizan y pagan los restantes dieciocho millones. Es decir, que cada uno de los 18 millones de personas que trabajan en el sector privado lleva sobre sus espaldas el peso económico de 1,6 conciudadanos.

Dentro de esos 18 millones hay un importante número de pequeños empresarios y autónomos, los verdaderos pagafantas de este pais. Arriesgan su capital, son emprendedores, crean empleo, exploran nuevos mercados, están dispuestos a innovar y por supuesto pagan impuestos y cuotas de Seguridad Social. Invierten y se endeudan para ensanchar sus negocios, que a su vez ensanchan la prosperidad de todos.

- Advertisement -

A los pequeños empresarios y autónomos nadie les ha ayudado de forma seria en los últimos treinta años. Estos Quijotes de nuestro tiempo ven como sus impuestos se destinan a nutrir a un agresivo grupo de gigantes que le plantan desigual batalla en distintos frentes.

Tienen que enfrentarse a una administración pública atomizada, lenta, cara e ineficiente. Asumen un coste de seguridad social que penaliza la contratación, lo que supone un desincentivo a expandir su actividad. Los costes de impuestos son elevados, especialmente el impuesto de sociedades, que mina su competitividad frente a empresas extranjeras que pagan menos impuestos. La legislación laboral es también rígida. El sistema educativo fomenta valores contrarios al esfuerzo y la superación propios del empresario y del emprendedor, desplazando a éstos en una especie de limbo de incomprensión desconectado con la sociedad. La universidad está alejada del sistema productivo. El sistema judicial no es capaz de garantizar una mínima seguridad jurídica que incentive a los emprendedores e inversores a asumir riesgos.

Los sindicatos, cómodamente cogidos a la ubre presupuestaria, no han sido capaces en tres décadas de liderar una reforma para el empleo.

Las clases políticas han mantenido como prioridad absoluta su propia perpetuación. En España hay 17 Parlamentos autonómicos con cientos de diputados y un número semejante de Gobiernos regionales que cuentan con docenas de consejerías. Tanto diputados como consejeros y otros altos cargos cuentan con personal auxiliar, presupuesto de gastos de representación, flota de automóviles y cientos de asesores.

Cuando llega la crisis, el pequeño y mediano empresario ve pasar las ayudas de la administración por delante de su puerta sin detenerse. Su destino está en los grandes despachos de grandes empresas e instituciones financieras. Los bancos y cajas rechazan financiarle por falta de garantías. Nada importa la cartera de clientes y la trayectoria del pequeño empresario. Son las nuevas prioridades.

Pero lo mejor de todo es que el empresario y el autónomo no echan el cierre, no toman las calles en protesta por el abandono al que la sociedad les somete. Aportan capital propio si les resulta posible para hacer frente a las deudas. Luchan hasta el límite por mantener a flote sus negocios y cuantos empleos sea posible. Siguen pagando sus cuotas de seguridad social para que los liberados sindicales puedan seguir ahí.

Pagarán impuestos durante años para que la administración pueda reducir su deuda. En esto están en el mismo barco que el contribuyente particular. Esperemos que nunca decidan marcharse con sus capitales a otra parte. Eso ya ocurrió en Argentina hace años y la historia acabó fatal. Bueno aun no ha acabado. Pero en España el empresariado es ejemplar. Benditos pagafantas.

- Advertisement -

Comparte las Noticias en tus Redes Sociales

Síguenos

- Publicidad -

CONTENIDOS DE PORTADA

- Publicidad -

CONTENIDOS RELACIONADOS

Aumenta la contratación de puestos de trabajo en oficinas flexibles

Madrid y Barcelona suman cerca de 1.200 puestos contratados en los...

Seis consejos para ahorrar en la factura de la luz este verano

• Eaton, compañía líder en gestión inteligente de energía, comparte las...

El mercado hotelero atrae inversiones millonarias en 2024

Las inversiones inmobiliarias en el mercado hotelero español están alcanzando cifras...

Carolina Roca presenta en Lisboa los proyectos LandCam y Trinity

Carolina Roca, presidenta de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid...

SmartRental Group impulsa el sector hospitality en Zaragoza

Zaragoza se está posicionando como un nuevo epicentro para el sector...

El problema del mercado inmobiliario es la falta de oferta

Los datos de INE revelan que en abril la firma de...

Tourism Innovation Summit 2024 en Sevilla: innovación y traveltech

TIS – Tourism Innovation Summit abre acreditaciones para su quinta edición,...