Inmodiario

La crisis inmobiliaria actual tiene una profundidad y connotaciones muy diferentes a las vividas anteriormente en España. Dos factores nos diferencian mucho de la crisis inmobiliaria que recordamos de principios de los años 90: los precios nominales, que en aquella ocasión resistieron bien y que nos llevó a pensar que el precio de la vivienda en España nunca baja y la duración de la misma que fue mucho más corta que la actual.

Actualmente en España el sector inmobiliario apuesta claramente por el mercado de alquiler como tendencia de futuro, aunque en este mercado se apunta una necesidad de mayor profesionalización que se acerque a cuotas europeas.

Según la mayoría de los expertos el alquiler ha venido para quedarse y está siendo la alternativa más demandada por las familias, no sólo debido a una caída del poder adquisitivo tras la crisis, sino a un cambio estructural en la sociedad española.

El porcentaje del alquiler en España sigue siendo bajo, en torno al 20% frente al 40% de media de los paises europeos que nos rodean. Aunque las nuevas generaciones están orientadas de forma mayoritaria hacia el régimen de alquiler, hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones es más por obligación que por elección. Los jóvenes de entre 25 y 35 años ahora son nuestro punto de referencia porque son el futuro. Pero, sus bajos sueldos y una capacidad financiera reducida están cambiando la tendencia que siempre había preponderado en España, la vivienda en propiedad. Nuestro país está todavía lejos de las cifras de parque de vivienda arrendada en Europa, dado que tiene una cultura de propiedad todavía muy arraigada, pero precisamente una de las apuestas con más futuro es la potenciación del alquiler residencial.

La mejora económica, la mejora de la competitividad y la estabilidad que ofrece España a los inversores llevará a un crecimiento de la inversión extranjera en nuestro país superior a la de tiempos pasados. Los segmentos del mercado en los que los inversores internacionales se han mostrado más activos son los de oficinas, espacios comerciales, naves industriales y residencial, y lo más importante es que sigue habiendo mucho atractivo para los inversores inmobiliarios extranjeros en nuestro país.

Otro aspecto muy importante a tener en cuenta es la crisis demográfica que tendrá consecuencias negativas sobre la construcción de viviendas y su industria auxiliar. En los años de expansión, la entrada de inmigrantes se disparó, y ello contribuyó de manera decisiva a orientar el patrón de crecimiento. Este crecimiento demográfico, junto al contexto macroeconómico y los tipos de interés, contribuyo de forma muy importante al desarrollo de la vivienda y otras industrias anexas.

En los próximos años, sin embargo, sucederá todo lo contrario. Si no cambia la realidad demográfica, el ladrillo seguirá perdiendo importancia en la economía respecto del PIB, con todas las implicaciones que ello tiene. Además hay que tener en cuenta que el mercado inmobiliario todavía está pendiente de absorber los excedentes del 'boom' inmobiliario registrado en los primeros años del siglo, lo que hace más difícil que el sector de la vivienda tire con fuerza.