Wednesday, 6 July 2022
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Colau quiere reorientar el 22@, distrito de la innovación de Barcelona, hacia un modelo cooperativista

El 22@, el distrito de la innovación de Barcelona, que cumple ahora 15 años desde su implantación como cuna de negocios tecnológicos, puede que tenga los días contados bajo la impronta que ha tenido durante estos tres lustros.

El nuevo equipo de gobierno municipal, encabezado por Ada Colau, parece dispuesto a cambiar el modelo estratégico de este ámbito de negocios. Se quiere potenciar la economía cooperativa y sostenible para crear más puestos de trabajo.

También se quiere incidir en el asunto urbanístico, de cara a dar una mayor prioridad tanto a las intervenciones en el Eje Pere IV como la rehabilitación de edificios patrimoniales en esta zona del barrio del Poblenou. El nuevo modelo que se pretende impulsar parte de las posiciones que vienen manteniendo desde hace años la Asociación de Vecinos y Vecinas del Poblenou.

Lo que está buscando Colau con esta reorientación del 22@ es abrir el debate, cerrado en falso hasta ahora, de conjugar los intereses mercantiles con los de los vecinos. Una disputa que, en estos tres lustros, se han visto evidenciados en cuatro elementos críticos, como son el valor estratégico del barrio dentro del espacio urbano, las presiones internas para obtener los valores de cambio; el poder y el estatus de los vecinos en el panorama político y económico, y la fuerza de los sentimientos y los sistemas culturales locales que guían la consecución de valores de uso.

A estos cuatro determinantes habría que añadir un quinto y fundamental: el rol de las instituciones políticas locales. En el caso que nos ocupa, el Ayuntamiento de Barcelona, en estrecha conexión con el sector empresarial, ha sido el principal promotor del cambio, situándose en oposición a los vecinos.

El 22@ puede entenderse mejor si atendemos a este conflicto entre la construcción social del espacio y la construcción institucional del mismo. Se trata también de un conflicto entre la generación de lugares (la práctica institucional, que impone significados estables) y la ocupación de espacios (la práctica social, que construye sus propios y dinámicos significados del espacio a partir de su uso).

El resultado dependerá, finalmente, de la interacción entre estos dos grupos de factores enfrentados, de la dinámica de su enfrentamiento. Por un lado el vecindario ha mostrado una capacidad de organización, unión y oposición envidiable. Sin embargo, la posición de los vecinos dentro del mapa social de la ciudad, como la del barrio dentro del sistema urbano barcelonés hace difícil que puedan constituirse en un freno real a la voluntad transformadora del Ayuntamiento, máxime cuando éste cuenta con el apoyo del sector privado y parece haber abandonado el compromiso con políticas participativas. Precisamente, lo que ahora quiere cambiar el equipo de Colau.

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