Wednesday, 6 July 2022
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La pobreza energética, una realidad al alza también en verano

El 43% de las personas atendidas en 2021 desde Ni un hogar sin energía, el programa para hacer frente a la pobreza energética de ECODES, no puede mantener su vivienda a una temperatura adecuada ni en verano ni en invierno.

El fomento de los refugios climáticos, el impulso de los programas de rehabilitación de viviendas o la implementación de hábitos eficientes en los hogares, algunas medidas para hacer frente a las olas de calor.

Con los termómetros alcanzando e incluso sobrepasando los 40ºC en varios puntos de la península, España está viviendo ya su primera gran ola de calor en este 2022 sin ni siquiera haberse iniciado el verano y en un contexto de una escalada de precios de la energía sin precedentes. De hecho, se trata de la peor ola de calor en junio en 20 años, y solo se explica en un escenario de cambio climático.

Al impacto que esta situación conlleva sobre la temperatura de la tierra y los mares, sobre las precipitaciones o las cosechas, hay que añadir sus consecuencias sobre la salud de la ciudadanía. En este sentido, es necesario recordar que el calor extremo afecta especialmente a los más de 3 millones de personas que en España viven en situación de pobreza energética, lo que supone el 16,8% de la población.

Para hacer frente a estos datos, ECODES puso en marcha ya en 2013 la iniciativa Ni Un hogar Sin Energía, de la que desde entonces se han beneficiado más de 13.500 familias de todo el país. A pesar de los esfuerzo y avances dados, aún queda camino por recorrer, tal y confirma el hecho de que el 43% de las familias atendidas en 2021 desde este programa no podía mantener su vivienda a una temperatura adecuada ni en verano ni en invierno. Ello supone un aumento considerable respecto al 24% registrado en 2020, siendo la cifra más alta alcanzada desde que se registran datos (2018).

Ante esta realidad, urge la adaptación y rehabilitación de las viviendas con criterios basados en la eficiencia energética, para mejorar el aislamiento y los cerramientos ya que la energía más barata es la que no se consume, combinado con sustitución de equipos por más eficientes y la integración de energías renovables que permitan enfriar los hogares de forma limpia y asequible. A ello, hay que añadir los hábitos de ahorro de energía, como la ventilación a primera o última hora del día; el empleo de cortinas, persianas y toldos para evitar el sol directo; el uso de ventiladores en lugar de aires acondicionados (pues consumen hasta 20 veces menos electricidad) o, en caso de usar estos últimos, no bajar la temperatura por debajo de los 26 °C. Cada grado menos, supone un 7% más de consumo de energía.

Las “escuelas de calor” vuelven con más fuerza que nunca

Junto con las personas vulnerables y los ancianos, otro de los colectivos más afectados es el de la infancia, que tiene que enfrentar el final del curso en colegios y guarderías construidos antes de que existiesen criterios de eficiencia energética, por lo que no están adaptados para hacer frente a estas olas de calor.

La mejora del aislamiento de tejados y fachadas, el cambio de ventanas, el uso de técnicas pasivas de ventilación, la instalación de equipos de climatización, la instalación de paneles fotovoltaicos para el autoconsumo de energía comunitario o el incremento de la vegetación en los patios de recreo para generar zonas de sombra y refrescarlos son algunas medidas que deben generalizarse para hacer frente a los veranos anticipados y extremos.

Propuestas de acción

Ante esta situación, desde ECODES recuerdan la necesidad de impulsar no solo medidas de mitigación del cambio climático sino también otras encaminadas a la adaptación a esta emergencia, e instan a las autoridades competentes a poner en marcha de manera urgente las siguientes propuestas:

• El desarrollo generalizado de refugios climáticos, no solo facilitando el acceso a equipamientos municipales preparados para hacer frente a las elevadas temperaturas, como centros deportivos o bibliotecas, sino a través de a la creación de zonas verdes que ayuden a refrescar las ciudades y, al mismo tiempo, sirvan de sumideros de carbono, ayudando a captar emisiones de CO2.

• La creación de un fondo de urgencia público-privado para hacer frente a la pobreza energética que apoye a las familias vulnerables a hacer frente al pago de los suministros de energía, mejorar la eficiencia energética, rehabilitar sus viviendas, descarbonizar sus sistemas de calefacción y refrigeración y acceder al autoconsumo.

• La creación de Oficinas de barrio/proximidad que informen y acompañen a las personas en situación de vulnerabilidad, como una ventanilla única para la identificación de las actuaciones a realizar, su implementación y la tramitación de las ayudas, atendidas por agentes sociales locales y cercanos a estos colectivos que gocen de su confianza y conozcan su realidad (organizaciones de consumidores, comunidades energéticas, ONG sociales, ayuntamientos). Las oficinas tendrán un enfoque holístico que incluya tanto rehabilitación, como información sobre hábitos, contratación de suministros y energías renovables.

• Seguir impulsando la automatización de la concesión del bono social, una de las reivindicaciones del sector social ya recogida en la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética de 2019 pero que no se había arrancado hasta ahora. Aunque se han experimentado avances, son solo parciales. Se renuevan automáticamente los bonos sociales pasados los dos años, y se prevé una automatización de la concesión para las personas que reciben el Ingreso Mínimo Vital. Pero es crucial que la puesta en marcha de la herramienta, pendiente según el BOE, se haga lo antes posible, y que se extienda la automatización a todas las personas que pueden recibirlo por criterios de renta.

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